Actividad Económica

Aportes para un programa nacional

Argentina experimentó en los últimos 25 años tres grandes ciclos económicos con un solo resultado: más de dos décadas perdidas en materia de desarrollo. El reverso dramático de esta situación se refleja en la evolución de la exclusión social durante el mismo periodo. Hoy los pobres son mayoría y la carencia de una ocupación adecuada alcanza a dos de cada cinco argentinos en condiciones de trabajar, esto es, mas de 5 millones de adultos activos.

Felizmente, pareciera que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo ciclo. Vuelve a aflorar la esperanza de un futuro mejor después de la profunda frustración sufrida durante la los últimos años. Finalmente, llego el momento de transformar deseos y propósitos en acciones concretas. La renovación de la dirigencia política puede ser el disparador de los profundos cambios que el país necesita.

¿Cuáles deben ser las prioridades de un programa de contenido nacional?

Sin duda, la primacía de esta etapa pasa por reducir el alto grado de exclusión social a través de la mejora del ingreso de los sectores de menores recursos y el descenso de los niveles de desempleo. Este objetivo sólo puede ser alcanzado por medio de una fuerte y sostenida expansión de la producción. No basta con un mero cambio de tendencia y una recuperación tibia del nivel de actividad económica.

Una meta moderada sería alcanzar para el 2008 el nivel de actividad económica de 1998, cuando comenzó a desinflarse la burbuja de los 90 y se inició la crisis que aún padecemos. Para ello se requiere crecer más del 30% en los próximos 4 años, ritmo que permitiría, deducido el incremento natural de la población durante ese periodo, lograr un aumento neto del producto por habitante del 25%. En otras palabras, para recuperar lo perdido en los últimos años es necesario crecer a una tasa sostenida de, al menos, el 7% anual.

Crecer al 7% significa crear unos 350-400.000 nuevos empleos por año y para el 2008, reducir en una cuarta parte los actuales niveles de exclusión laboral. En términos prácticos, esto significa bajar a menos del 15% la tasa de desocupación y a un porcentaje similar la de subocupación que, sumadas, superan actualmente al 40% de la población activa.

Estrategia

¿Qué hacer para poder crecer a ese ritmo?

Entre 1991 y 1994 Argentina creció a tasas de este orden. Sin embargo, la estrategia de aquel entonces es irrepetible, ya que se basó en una extraordinaria afluencia de capitales que ingresaron al país atraídos por la oportunidad de negocios fáciles que representaban las privatizaciones y la alta tasa de rentabilidad de los créditos al sector público. El espaldarazo del FMI y de los EEUU sumados a una coyuntura internacional de bonanza productiva y liquidez financiera fueron factores determinantes de esa estrategia. Por otro lado, la crisis actual es clara expresión de la vulnerabilidad y volatilidad de esa alternativa.

Hoy, Argentina no cuenta con avales del exterior, el mundo esta sumergido en un proceso recesivo y la aversión al riesgo guía las decisiones financieras. En este contexto, para encarar una etapa de fuerte expansión es indispensable mejorar la competitividad productiva y hacer más progresiva la distribución del ingreso. Esta es la única vía sustentable, es decir, la que permite crecer en equilibrio, tanto externo como interno.

En el marco de este desafío le corresponde al Estado una múltiple tarea:

1. Movilizar recursos para ampliar la capacidad productiva y mejorar la competitividad, en particular la del sector industrial. La única forma de salir rápidamente de la crisis pasa por aplicar adecuadamente el ahorro nacional a la reconstrucción de la infraestructura física del país, la asistencia a sectores productivos y la capacitación de la población. De allí, la necesidad de negociar seriamente con inversores y acreedores externos tanto la refinanciación de créditos como la reinversión de utilidades.
2. Desarrollar una tarea inteligente de selección y asistencia a áreas prioritarias. En lugar de confiar a ciegas en los mecanismos del mercado, identificar a los sectores de mayor proyección y asistirlos en su proceso de crecimiento y modernización. Esto incluye tanto la promoción de actividades como de espacios regionales.
3. Convocar a trabajadores y empresarios en la búsqueda de un compromiso de participación, tanto en materia de productividad como de distribución de beneficios. El empresariado nacional deberá comprender que su futuro esta estrechamente asociado al mercado interno y que este depende de la capacidad de consumo de la población.

Estos tres ejes, aplicación del ahorro nacional a la inversión productiva, promoción de los sectores y regiones más competitivos y pacto social, deben guiar el accionar del Estado en esta etapa. El resto es tarea de la sociedad.

Argentina aún cuenta con una dotación importante de verdaderos empresarios a pesar del daño producido a la estructura productiva durante la década pasada. La clave en esta etapa de nuestro desarrollo pasa por aprovechar y potenciar la capacidad de estos emprendedores en lugar de favorecer a sectores ligados a los negocios públicos. De esta forma, erradicando los mecanismos prebendarios y premiando el esfuerzo de quienes compiten y arriesgan en la actividad económica, será factible construir un sistema económico más eficiente, equitativo y sustentable.

Por Alberto Pontoni. Mayo 2003

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