Dólares y Capitales de Corto Plazo

Por Alberto Pontoni. Junio 2003

La sostenida apreciación del peso es motivo de seria preocupación para el equipo económico, ya que la política de "dólar caro" es y ha sido el principal instrumento de reactivación utilizado por esta gestión. El objetivo de estabilizar el tipo de cambio en $ 3 se aleja día a día a pesar de las compras que viene realizando el Banco Central. Un año atrás el dólar se cotizaba a $ 3.85, un 40% más que el valor actual.

Esta situación amenaza la continuidad del proceso de sustitución de importaciones y de colocación de exportaciones de manufacturas, particularmente en el mercado brasileño. Por otro lado, la falta de piso de la divisa genera incertidumbre en los sectores empresarios, desalentando decisiones de fondo e inversiones.

La baja del dólar es producto de una sobreoferta de divisas en el mercado local. Según el Banco Central en los cinco primeros meses del año se registró un excedente de divisas de 2.600 millones de dólares, a razón de más de 500 millones mensuales. Esto es consecuencia tanto del superávit comercial, que desborda los 1.100 millones mensuales, como del ingreso de capitales de corto plazo, que contribuyen a nivelar la salida de divisas en concepto de servicios, renta de inversiones, repatriaciones de capitales y amortizaciones.

La reciente decisión de la Reserva Federal de bajar al 1% la tasa de interés en Estados Unidos –la más baja de los últimos 45 años- es considerada una perturbación adicional que podría incrementar el ingreso de capitales de corto plazo, atraídos por las altas tasas locales en un contexto de dólar en baja.

Frente a esto, la estrategia oficial pasa por equilibrar el mercado financiero, imponiendo trabas a la salida de capitales golondrina y estimulando remisiones al exterior por pago de compromisos financieros del sector privado.

A nuestro criterio, estos mecanismos resultarán poco eficientes para frenar la baja del dólar.

Gorriones y Golondrinas

En primer lugar hay que tener presente el rol que juegan las expectativas en la fijación del tipo de cambio. En la medida que los inversores financieros sigan presumiendo una apreciación futura del peso continuará la corrida vendedora de dólares con miras a aprovechar la suma de rendimientos (interés + tipo de cambio) de los activos en pesos. Luego, la mayor oferta de dólares termina provocando la apreciación del peso convirtiendo en realidad el principio de la profecía autocumplida.

Por otro lado, resulta importante distinguir entre capitales gorriones y golondrinas. Gran parte del incremento de la oferta de divisas en el mercado local no proviene del exterior (dólares golondrinas) sino de la desmovilización de los ahorros en dólares que mantienen los residentes (dólares gorriones). Se estima en más de 20 mil millones de dólares la masa de recursos que el sector privado mantiene atesorados en el país y son, justamente, estos fondos los que están siendo convertidos en pesos, desbordando el mercado de divisas.

Las cifras del Banco Central resultan terminantes en este punto: el 85% de los capitales financieros de corto plazo ingresados en los últimos meses corresponden a operaciones de residentes, fundamentalmente venta de billetes. Sobre un total de 3.500 millones de dólares de capitales de corto plazo ingresados en el periodo enero-mayo 2003, más de 2.300 millones correspondieron a venta de billetes en poder de residentes y 650 a repatriación de inversiones.

Esta diferenciación entre capitales gorriones y golondrina no parece haber sido debidamente tomada en cuenta por el ministro Lavagna al declarar recientemente que "en el término de seis meses los fondos golondrina que ingresaron en la Argentina pasaron de US$ 550 millones a más de US$ 900 millones".

De allí que consideremos poco eficaces los instrumentos anunciados por el gobierno para fortalecer la estrategia de "dólar caro" a través de la imposición de trabas al ingreso del exterior de capitales de corto plazo.

Alternativa

Existen otras alternativas para aprovechar en forma positiva el descongelamiento de los ahorros atesorados en divisas por los residentes, convirtiendo en crecimiento productivo el ingreso de capitales gorriones.

Para ello, el BCRA deberá seguir absorbiendo el excedente de dólares como lo ha hecho en los últimos meses, sosteniendo el precio de la divisa e inyectando dinero en la economía. A su vez, el Gobierno deberá captar el excedente de liquidez generado por la intervención del Central y canalizarlo de forma directa o indirecta hacia el sector productivo. Es decir, aplicarlo a la realización de obras de infraestructura o al estimulo de la actividad productiva privada, priorizando el financiamiento de inversiones y exportaciones.

Frente a la crisis del sistema bancario, que recién comienza a estabilizarse después de la conmoción sufrida el año pasado, y las dificultades de establecer líneas de crédito de mediano y largo plazo, corresponde al Estado tomar la iniciativa sacando máximo provecho de los instrumentos financieros disponibles, como el Banco Nación y el BICE, o creando aquellos que resulten adecuados para la etapa actual.

El Gobierno tiene una oportunidad excepcional para orientar y estimular el crecimiento productivo. Para ello cuenta con dos instrumentos fundamentales de la economía que debe aprovechar antes que se diluyan: expectativas favorables y divisas.

El actual optimismo de la población y la recuperación de la esperanza en el rol que debe cumplir el Estado en la sociedad es superior al de otras coyunturas del pasado. Esto obliga a redoblar urgentes esfuerzos en la modernización del país y, en particular, en la refundación del sector industrial.

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