Los Motores de la Recuperación
La Argentina fue siempre un ejemplo de paradigma económico, tanto de conservadores como de ortodoxos. Antes de la Primera Guerra Mundial era el modelo que a través de la especialización en la producción primaria confirmaba las bondades de la teoría de las ventajas comparativas. Era la Argentina liberal moldeada por la Generación del 80.
Después de la Segunda Guerra fue el arquetipo del populismo y de una economía centrada en la sustitución de importaciones y con fuerte intervención del Estado. Era la Argentina peronista, una especie de rara avis en la que convivían elementos tomados del keynesianismo y de las experiencias europeas de capitalismo de Estado y corporativismo.
A partir de los 60 el debate entre liberales y populistas se intensifica y toma relevancia en las diferentes políticas económicas que se suceden a lo largo de tres décadas. Los resultados fueron marchas y contramarchas en el crecimiento y altos niveles de inflación que nos colocaron a la vanguardia internacional. La Argentina de los 80 era la gran desilusión mundial y un caso de estudio académico por el exhaustivo menú de recetas equivocadas.
En la década del 90 muchos creyeron asistir al despertar de un nuevo tigre económico inspirado en las recetas del Consenso de Washington. De allí el júbilo con que los sectores conservadores celebraron el retorno a la ortodoxia y el apoyo a rajatabla de ese proceso de liberalización económica. Fue la época de la Argentina del Primer Mundo.
Sin embargo, el sueño duró muy poco ya que la ilusión del boom escondía una burbuja sostenida por una afluencia excepcional de capitales especulativos. El colapso fue igualmente dramático y nuevamente la Argentina pasó a ocupar un puesto de privilegio entre las grandes esperanzas frustradas. Paradójicamente, llama la atención la desfachatez con que los apologistas del modelo de los 90 tratan de esquivar su responsabilidad en la crisis con diferentes argumentos, que van desde un contexto internacional adverso a la falta de profundización de las reformas, pasando por los desmanejos y corrupción de la dirigencia local.
Los motores de la recuperación
Hoy, a casi dos años y medio del estallido de la crisis Argentina vuelve a sorprender por la velocidad de su recuperación, una de las más aceleradas que se registran en el ámbito internacional. Entre abril del 2002, cuando el país toca fondo, y nuestros días la economía creció un 16%, con una aceleración del ritmo (11% anual) en los últimos 3 trimestres.
Este fenómeno fue consecuencia de varios factores, entre los cuales destacan:
- Ajuste de precios sin inflación. Posiblemente, el miedo a la inflación haya sido el factor clave que impidió que los fuertes ajustes de precios derivados de la devaluación se convirtieran en el inicio de una nueva espiral inflacionaria. El recuerdo de la hiper de fines del 80 debe haber jugado como un freno importante a las demandas de los sectores mas perjudicados, como asalariados y jubilados, que vieron reducido dramáticamente su poder de compra debido al congelamiento de sus ingresos frente a un incremento de precios cercano al 50%.
- La excepcional alza del precio internacional de las commodities que exportamos, principalmente soja y petróleo, cuyo aumento alcanzó a un 40% en los últimos meses. Los beneficios de esta bonanza externa se reflejan tanto en el incremento del superávit comercial como en el mayor estimulo a la producción agrícola.
- El efecto de sustitución de importaciones generado por la devaluación del tipo de cambio, tanto nominal como real, principal causante de la mejoría del sector industrial.
- La sostenida recuperación de la construcción a pesar de la ausencia de crédito, aspecto que se refleja en el fuerte crecimiento de la inversión bruta durante el mismo periodo (+65%). Sin embargo, debe tenerse en cuenta que se viene de un piso muy bajo.
- Superávit del sector público. Los actuales niveles del superávit primario (3% del PBI), fruto del incremento de la recaudación tributaria derivada tanto de la recuperación económica como de los nuevos ingresos por retenciones. Esta situación representa un récord histórico, pues nunca se había alcanzado un superávit de esa magnitud.
A título de reflexión
Felizmente, la rápida recuperación de la economía argentina ha llevado a replantear los problemas desde el ámbito de la macro y la coyuntura al desarrollo y el largo plazo. Nuevamente surge como un imperativo redefinir un patrón productivo que satisfaga las exigencias de un crecimiento sostenido y permita superar la dramática exclusión social del presente. Esto es, principalmente, discutir el rol que corresponde a la industria.
Por Alberto Pontoni.Abril 2004
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