La Burbuja de EEUU

La nueva elección presidencial en los EEUU viene acompañada de una ola de preocupación respecto del futuro del país. El temor reside en la eventual continuidad de un manejo económico irresponsable que podría derivar en un ajuste brusco de sus serios desequilibrios estructurales, precipitando una crisis de consecuencias impredecibles. El posicionamiento pro Kerry de los principales medios de prensa, tanto generales como especializados, parece fundarse en la esperanza de una restauración de la cordura en la administración económica que permitiría recuperar confianza e iniciar un nuevo ciclo.

Paradójicamente, no ha sido el tema económico el que más preocupó al elector norteamericano. La estrategia de Bush ha sido exitosa en llevar al centro del debate los aspectos relacionados con la seguridad interna y la política exterior de EEUU, a diferencia de lo ocurrido 12 años atrás, en oportunidad del debate Bush vs Clinton. En aquel momento Bush padre vio frustrada su reelección, a pesar del resonante triunfo obtenido en la "Guerra del Golfo", debido al cuestionamiento de su política económica por el candidato Clinton, estrategia acuñada en la conocida y expresiva frase: "Es la economía, imbécil".

Los déficit gemelos

La "recuperación" de la economía norteamericana en los últimos dos años tiene pies de barro, pues se sostiene en un exceso del gasto privado y público que en última instancia depende del financiamiento externo. El primero ha sido consecuencia de las bajas tasas de interés que estimularon el aumento del gasto (y endeudamiento) de las familias a través del crédito barato. (en el primer semestre del 2004 la tasa de interés de la Fed descendió al 1%, su nivel más bajo en 4 décadas). El segundo se explica por los recortes impositivos a los más ricos y el incremento de las erogaciones militares provocadas por las campañas en Afganistán e Irak.

Las consecuencias han sido un acelerado crecimiento del déficit fiscal, que se suma al ya crónico rojo del comercio exterior. En pocos años la administración Bush transformó un superávit fiscal de 120 mil millones de dólares en un déficit de 420 mil millones, el mayor de la historia de EEUU (pensar que Nixon tomó la decisión de abandonar el patrón oro y la convertibilidad del dólar en 1971 cuando el déficit del presupuesto alcanzó la "alarmante" suma de …23 mil millones de dólares!!!). Por otro lado, a pesar de la fuerte devaluación del dólar frente al Euro, el intercambio comercial sigue mostrando un rojo anual superior a los 600 mil millones de dólares. Esto representa, en términos del producto nacional, desequilibrios en la cuentas públicas y del comercio exterior cercanos al 4% y 6% del PBI, respectivamente (el PBI de EEUU ronda los 11 billones de dólares).

Las secuelas de esta situación son el acelerado incremento del endeudamiento interno y externo de los EEUU. Según datos de la Fed el endeudamiento de las familias estadounidenses supera los 35 billones de dólares (unos 500 mil dólares por familia!!!), a causa de los récords de crédito en tarjetas de crédito, automóviles e inmuebles.

Por otro lado, EE.UU. se ha transformado en el principal deudor mundial. Las colocaciones extranjeras en activos financieros de EE.UU. hoy superan los 8 billones de dólares. A diferencia de otras épocas en que el crédito estadounidense impulsaba la recuperación económica de otros paises, como sucedió con el recordado Plan Marshall, desde hace más de dos décadas Estados Unidos se ha convertido en un importador neto de capitales.

En cualquier otro país el "mercado" habría ajustado estos desequilibrios, ya sea a través de un alza de la tasa de interés y/o de una fuerte depreciación del dólar.

¿Por qué esto no ha ocurrido aún en los Estados Unidos?

Principalmente, debido a la tolerancia del resto del mundo en seguir aceptando dólares en pago de sus exportaciones como continuar invirtiendo sus excedentes financieros en bonos del Tesoro de EEUU. No debe llamar la atención que sean los principales socios comerciales de EEUU quienes más cuiden de su economía. China y Japón, los mayores beneficiarios de su intercambio comercial son, justamente, quienes vienen adquiriendo la mayor parte de los bonos que emite el gobierno norteamericano para paliar su déficit fiscal. Estos paises saben muy bien, al igual que otros asiáticos y europeos que destinan gran parte de su producción al mercado norteamericano, que una recesión en EEUU repercutiría negativamente sobre sus economías a través de la contracción de sus exportaciones.

Un alza brusca de la tasa de interés en EEUU llevaría a una severa recesión de su economía e, incluso, podría arrastrar al sistema a una crisis mayor al hacer estallar la burbuja. Según algunos analistas una suba agresiva de tasas podría derivar en una alta incobrabilidad y el compromiso del sistema bancario, debido a la sobrevaloración inmobiliaria y el alto porcentaje de créditos a tasas ajustables otorgados en los últimos años, en particular, para viviendas.

Por otro lado, el abandono del dólar como moneda de cambio y atesoramiento y una estampida de capitales al Yen, Yuan o Euro, provocaría la depreciación de la moneda norteamericana y una perdida de competitividad de las exportaciones asiáticas y europeas. (A pesar de ello, se observan ciertas señales de alerta que estarían indicando una mayor preferencia de atesoramiento en commodities).

Las perspectivas

La conclusión es simple: por el momento el futuro de la economía de EEUU se encuentra sujeto a la voluntad de los otros grandes jugadores mundiales y viceversa. En definitiva, y a pesar de sus discrepancias, deberán continuar financiando con sus ahorros las aventuras bélicas de ese país y el bienestar de sus ciudadanos.

Sin embargo, esta no puede ser una solución permanente. La hegemonía norteamericana para ser sustentable no se puede asentar, cual Hunos de Atila, en el mero poder militar. Los imperios deben demostrar su liderazgo esparciendo inversiones transformadoras.

La dominación mundial de Inglaterra en el siglo XIX se fundó tanto en el poderío militar como en la exportación de capitales destinados a financiar inversiones en la infraestructura de los paises sometidos, como diques, ferrocarriles y puertos. De 1870 a 1914 la salida neta de capitales representó un 5% del PBI británico. Este notable desvío de ahorros al exterior le permitió a Inglaterra construir un sistema de poder sustentable. Asimismo, la imposibilidad de mantener esa corriente de flujos financieros aceleró el colapso del imperio.

También EEUU fue un exportador neto de capitales y acreedor del mundo hasta la caída del muro de Berlín. Hoy la situación se ha revertido y los desmanejos recientes de su economía comprometen seriamente la aspiración de EEUU de mantener su hegemonía en la nueva remodelación mundial. Estamos en un punto de inflexión. De allí, que las consecuencias más importantes de esta elección no dependerán tanto de estrategias vinculadas al accionar militar como de los cambios que se adopten en el rumbo de su política económica.

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