Uso de Efectivo

USO DE EFECTIVO: ENTRE LA OBLIGACIÓN Y ELDERECHO

No hace mucho nos hemos referido a las cuestiones impositivas que operan de maneracontraria a la llamada bancarización . Lo hicimos en elconvencimiento de que cualquier camino que se intente recorrer para modificar los hábitos dela población en ésta materia, requiere de una acción positiva que abarque el aspectotributario en su totalidad, como paso previo además al blanqueo de la economía en suconjunto. Las cifras referidas a la informalidad son elevadísimas (según nuestros estudios, y si
incluimos también las obligaciones previsionales, el porcentaje de economía informal supera el50%).

Es sabido que la inseguridad ha provocado reacciones en cadena de parte de lasautoridades con el objeto de disminuir el uso del efectivo. Y también se han dictado normasque apuntan a proteger a los clientes de las entidades financieras contra las llamadas saliderasbancarias. El uso de efectivo para las operaciones cotidianas es, sin ninguna duda, el problemaesencial; problema que se intenta corregir atacando las consecuencias al tiempo que no sólose dejan intactas las causas, sino que día tras día el afán recaudatorio oficial le imprime nuevosbríos a la dirección contraria.

En este último mes o mes y medio, por lo demás, también hemos asistido a una llamativaescasez de billetes en todo circuito, lo que ha provocado como es sabido todo tipo deinconvenientes e incluso dio lugar a algunos movimientos de funcionarios buscando culpablesentre los proverbiales fusibles. Pues bien, de paso cañazo, se pretende desalentar el uso delefectivo para de ese modo paliar la escasez de billetes, en lugar de recurrir a la emisión tanrápido como sea posible de billetes de mayor denominación. Y a quienes digan que esto no esposible en un corto lapso cabe recordar que por un lado ya hace varios años hay proyectos ydiseños de billetes de mayor valor, y por el otro que en otras oportunidades se ha recurrido alresellado de billetes de denominaciones anteriores para cubrir la emergencia.
Pero en definitiva y resumiendo, estamos ante dos problemas: el uso de dinero líquido porun lado, y la escasez de tal dinero líquido por el otro. Ambos problemas llevan al mismo tipo dereacción: pretender obligar a la gente a no usar los billetes. Cómo; bancarizando lasoperaciones.

Medidas tales como la colocación de mamparas frente a las cajas de los bancos, pretendenbrindar mayor intimidad a los clientes. No podemos decir que sea una mala idea, pero sí queno contribuye a que no se use el dinero, sino a mantener en reserva a quien lo usa.Crea algunos inconvenientes que no son menores, como por ejemplo en locales que tienenuna fila de cajas, al quedar éstas invisibles al público no es posible saber cuántas están
funcionando en cada momento, por lo que suele ocurrir que malhumorados clientes debansufrir amansadoras importantes cuando la fila no tiene más de cuatro o cinco personas,precisamente por no poder visualizar el número de cajeros operativos. Por supuesto que esteaspecto podría resolverse fácilmente mediante una simple señal luminosa que señale las cajasactivas.

Ahora se ha resuelto atacar a los teléfonos celulares, cuyo uso como se sabe está vedado alos usuarios en todas las entidades financieras, desde hace ya varios años. Como al parecer esono ha sido suficiente, la buena nueva es que desde mayo próximo no será posible ingresar auna institución de ese tipo con un aparato de telefonía celular, ni encendido ni apagado. Esta
es una medida reactiva de características francamente ridículas. Los inconvenientes quegenerará su aplicación no son menores, sobre todo para quienes deben realizar varios trámitesen más de un banco, por ejemplo. Probablemente esto dé lugar a un nuevo negocioimpensado hasta el momento: la aparición de depósitos de teléfonos en locales ad hoc.Digamos que toda medida tendiente a ofrecer mayor seguridad puede discutirse pero nodebería ser objetada, a menos que constituya, como en este caso, una ridiculez.La cuestión de fondo es que en la Argentina el sistema tributario hace agua por todoslados. Es esencialmente injusto, increíblemente gravoso y cargado de obligaciones a cargo delos contribuyentes.

El sistema tributario debe basarse en la capacidad contributiva, debe ser coherente yrespetar el principio constitucional de la igualdad como base de los impuestos y de la cargaspúblicas. Nos hemos referido al tema reiteradas veces, inclusive en el trabajo quemencionamos más arriba.

Porque la bancarización conlleva el blanqueo de toda la operatoria, y para que eso seaposible nadie debe temer a las consecuencias. Ello a su vez implica que las alícuotas que seaplican sean modestas, que no se dupliquen o tripliquen, que no disparen inspecciones oreclamos que nadie sabe cómo pueden terminar ya que las facultades de los entesrecaudadores son poco menos que infinitas, aparte de la mala fe con la que obran ciertos
inspectores o supervisores.

A su vez, es necesario que los ingresos fiscales dejen de ser un botín político, que el gastodel Estado se encamine de manera eficiente y justa a la educación, a la seguridad y a la justicia.Que existan resortes y controles independientes, que se vuelva al federalismo y se elimine elperverso y ruinoso sistema de “coparticipación” cuya corruptela política está más que a la vistay desde hace muchos años.

En una palabra, para lograr que la gente se bancarice es necesario volver al Estado deDerecho como un todo, como un paso previo esencial.

Deben eliminarse los sistemas de información –delación, que afectan inclusive a jubilados
que van a adquirir a una casa de cambio 200 o 300 dólares. Debe guardarse el secreto fiscal ysobre todo el secreto bancario.

En este punto podemos ingresar también el tema de la U.I.F. (Unidad de InvestigacionesFinancieras) hoy tan de moda debido a que el G.A.F.I. (Grupo de Acción FinancieraInternacional) bochó a la Argentina en materia de control de lavado de dinero. En estos días semultiplican las resoluciones de este Ente, creando nuevas y variadas obligaciones aprofesionales, a bancos, a entidades financieras y a todo el mundo, que serán los encargados(una vez más) de suplir el control que debe llevar adelante el Estado.

Lograr la bancarización sobre la base de un sistema tributario justo como el que proponemos,
disminuiría notablemente el uso de efectivo, y por lo tanto las operaciones en metálico seríanla excepción y no la regla. Así sí serían fácilmente detectables. Y allí podría la U.I.F. o quienfuere investigar sin tanta alharaca, sin tanta resolución superpoblada de artículos cargados dedetalles.

Eso es lo que mayormente ocurre en los países centrales, donde las valijas llenas de dinerose usan solamente en las películas porque el efecto de ver un portafolios con un cheque devarios millones no es el mismo que ver los fajos de billetes.

Hace muchos años que se habla de una reforma del Estado, de un sistema equitativo detributación, de un orden jurídico simple y rápido. Pero nada se ha hecho al respecto, al
contrario. Se dictan miles de resoluciones, circulares, disposiciones, notas, aclaraciones,sumadas a leyes, decretos, decretos de necesidad y urgencia, interpretaciones, aplicaciones ytoda la gama de creaciones burocráticas posibles. Todo para cazar a las gallinas que estándentro del gallinero, como se dice en la jerga. Nada para desalentar la operatoria informalmediante mayor seguridad jurídica. Porque ese es el quid.

Una cosa es que se pretenda obligar a la gente a usar dinero plástico y bancos, y otra muydistinta es que la gente prefiera hacerlo. Y crear obligaciones como ahora la del teléfonocelular, es obvio que a lo que contribuye es a que la gente ni pase por el banco.Recordemos una medida positiva instaurada hace varios años: la devolución de 5 puntos
de IVA en las tarjetas de débito. El incentivo es enorme y se mantiene. Así se logra quemuchísima gente opere con ese tipo de tarjetas, especialmente en los supermercados. Perotambién existía una devolución de 3 puntos de IVA sobre las tarjetas de crédito, que fuesuprimida por considerarse que estas tarjetas son una especie de lujo, o no aplicables a la clasemedia y media baja. Tamaña insensatez es realmente incomprensible.

También es insólito que se obligue a las instituciones bancarias a informar a todos aquellostitulares de tarjetas que consuman más de $ 3.000 en el mes. Aparte del grado desaliento quesignifica saber que están observando qué hacemos con nuestro dinero, el valor de $ 3 000 esabsolutamente ridículo y no ha sido ajustado tomando en cuenta los parámetros de la
inflación, que indican un nuevo valor de por lo menos 4 o 5.000 pesos.

Es claro que el problema es bastante más amplio y abarcativo que el llamado impuesto alcheque.

Es bueno que todos tengamos derecho a hacer los pagos como queramos, como nos quedemás cómodo. Es negativo, y contribuye por lo tanto a crear informalidad, que se pretendaobligarnos.

HÉCTOR BLAS TRILLO Buenos Aires, 24 de enero de 2011ESTUDIOHÉCTOR BLAS TRILLO
www.hectortrillo.com.arUna segunda opinión nuca está demás.

   

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