Crecimiento de la Economía Argentina
La economía sigue creciendo, y esto sirve para argumentar que ciertas prácticas autoritarias y de cambio de reglas de juego son beneficiosas cuando en realidad son perversas.
Los diarios publican que el Estimador Mensual Industrial (EMI) creció un 7,7% interanual para el mes de setiembre, según los datos del INDEC. Contra agosto, la variación fue del 1,1% de incremento, mostrando una sostenida tendencia positiva que por supuesto es más que bienvenida.
A su vez, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), indica un incremento del 8,6% interanual, en este caso para el mes de agosto (último dato conocido). Las cifras son elocuentes y sólo cabe augurar que sigan tan buenas como sea posible.
El excelente incremento de la actividad económica tiene como motores principales al crecimiento de la manufactura automotriz y a la construcción. La expansión del primero de los sectores, interanual, llega al 45%. Y 30% en lo que va del año.
La producción de insumos para la industria de la construcción presenta un acumulado del 17% interanual.
Otros sectores han crecido de manera más dispar y en particular es de hacer notar la merma en la refinación del petróleo, que bajó un 7%. Un dato por demás relevante a la hora de ir previendo la actual crisis del gasoil y que no parece haber sido tomado demasiado en cuenta.
Desde el Banco Central, se anuncia que continuará bajando la inflación, en parte por una política monetaria más restrictiva y en parte por los controles de precios. El Central considera inflación al Índice de Precios al Consumidor (IPC), criterio que no compartimos.
Los especialistas están dedicando en estos momentos una buena cantidad de tinta a explicar estos números, tanto del crecimiento como de la merma, con lo cual obviaremos insistir en ello, habida cuenta de que nuestra posición es bastante conocida.
Sí es válido anotar el respectivo párrafo acerca de que los artilugios monetarios provocan distorsiones de precios relativos que tarde o temprano se pagan, como ocurriera con la llamada convertibilidad. Y tales artilugios están a la vista con la política de emisión de moneda para comprar divisas a un precio superior al de mercado, el endeudamiento en Lebacs y Nobacs por parte del Central para reducir esa cantidad de moneda, las prohibiciones o restricciones a las exportaciones de determinados productos y los controles de precios (y de costos, que también son precios, aunque el secretario de comercio pretenda distinguir una cosa de la otra).
Una maraña de subsidios y más de 50 planes de promoción entre Nación y Provincias se agrega a toda la maquinaria estatal tendiente a hacer crecer al país dentro de un marco en el cual el Estado parece convertido en panacea.
Así y todo, para 2007 el Presupuesto Nacional tiene previsto un crecimiento del 4%, la inflación estimada está entre el 7 y el 11%, la carga tributaria que impide ajustar por inflación balances o que considera “ricos” a quienes tienen activos (no patrimonios) por más de $ 102.300.- siguen su curso.
El gasto crece de manera alarmante (en parte es el llamado gasto social , en parte es la obra pública –que incide en los índices de crecimiento de la construcción, por ejemplo-), y ya hay provincias que tienen déficit (Buenos Aires) y otras que lo tendrán (Capital Federal). El endeudamiento del Banco Central para retirar dinero de circulación supera largamente los $ 40.000 millones (deuda pública) y el dólar probablemente llegue a estar a $ 3,15 o tal vez más hacia fin de año, debido a la necesidad de ir ajustándolo ante los eufemísticamente llamados reacomodamientos de precios.
Como no pretendemos extendernos demasiado en un trabajo de estas características, enumeraremos un par de factores que juegan a favor del crecimiento de la economía y que no tienen nada que ver con los gestos enojados del secretario de comercio ni con los pulgares presidenciales que suben o bajan.
La tasa de interés internacional está bastante baja y por lo tanto incentiva a los inversores a arriesgar más capital en mercados emergentes como el nuestro.
Los precios de las commodities siguen siendo buenos, aunque tal vez haya una baja debido a que las previsiones de crecimiento mundial son ahora menores. Si este escenario persiste, será necesario incrementar el ritmo devaluatorio, ya que los derechos de exportación son la principal causa del superávit fiscal.
La economía argentina, si bien tiene una historia inflacionaria, ha logrado durante los años de la llamada convertibilidad una estabilidad tan marcada que produjo una suerte de desacostumbramiento de modo que los juegos monetarios no repercuten de manera inmediata en el mercado de precios o en la producción de bienes y servicios como ocurría en los años 80, por ejemplo. A los jóvenes de menos de 30 años hay que explicarles con lujo de detalles que en aquellos años un precio por la mañana no era el mismo que el de la tarde, ni éste que el de la noche. La confianza en la moneda es un factor con el que juegan siempre los hacedores de políticas económicas intervencionistas. Pero repetimos: hasta un punto. Nada es para siempre, como dice la conocida canción.
El problema de la energía se ha agravado de tal modo que fue preciso salir a emparchar por donde sea para tratar de paliar la crisis. No vale la pena abundar en ello, sí decir que sigue soslayándose el verdadero fondo del problema, que es que no podemos seguir consumiendo energía a precios regalados porque de lo contrario se afecta el IPC:
El ama de casa que concurre al mercado tiene la sensación de que los índices de precios son mentirosos. Le asiste cierta razón, dado que tales índices están compuestos en líneas generales por los precios acordados con el gobierno de ciertos productos, cosa que como se sabe no es más que una pequeña muestra de la realidad.
Desde el Central se ha dicho que los otros precios, también tienden a crecer menos, debido a la desaceleración que producen los acuerdos y a la restricción monetaria que mencionamos (endeudamiento en Lebacs y Nobacs).
Los ajustes de salarios son manejados en connivencia con el gobierno (este año no pudieron superar el 19%) y en general encajan con el IPC basado en precios controlados, de manera que todo ello conduce a una suerte de irrealidad basada en índices de precios ponderados de determinada forma, mientras la economía en su conjunto vuela en dirección diferente.
Lo cierto es otro factor positivo para el crecimiento es que la Argentina siga siendo barata en términos internacionales. Es eso lo que hace que crezca la industria y se exporte más. El problema es que la tecnología instalada durante los años de convertibilidad va quedando obsoleta y entonces el mercado de exportaciones de manufacturas va reduciéndose paulatinamente. No es tan fácil vender productos cuya tecnología atrasa, al menos no es fácil hacerlo hacia el mundo desarrollado.
No hay que dejar de tener en cuenta que desde el gobierno no solamente se controlan los precios (y los costos, para seguir con la terminología oficial). También se controlan márgenes de ganancia, capacidades de abastecimiento, índices de especulación y toda la parafernalia dirigista que apunta a que un funcionario, o un grupo de ellos, decidan por todos los productores qué es bueno y qué es malo. Una especie de paternidad de la ética aplicada a la economía que recuerda aquella frase del dirigente Juan Carlos Pugliese acerca del corazón y el bolsillo.
Las decisiones de inversión que hoy se toman en la Argentina, tienen que ver con un horizonte cercano en el tiempo, en rubros más o menos seguros, con una tasa de retorno suficientemente apetitosa. Nadie arriesga a invertir a fondo en rubros cuyos precios (o costos, o exportaciones, o retenciones, o lo que fuere) pueden quedar sujetos al arbitrio de funcionarios sabelotodo.
Para ir terminando, diremos que la Agencia de Promoción de Inversiones, a cargo de Beatriz Nofal, tiene por objetivo precisamente ese: promocionar las inversiones. Una evidente contradicción entre una realidad en constante crecimiento que invita por sí sola a invertir, y la necesidad de hacer ofertas para que las inversiones vengan porque de lo contrario no vienen o no lo hacen lo suficiente.
Si el gobierno piensa que el éxito del crecimiento tiene que ver con las políticas dirigistas, intervencionistas, restrictivas y de abastecimiento establecidas por burócratas desde sus oficinas, entendemos que está equivocado profundamente.
La recuperación de la economía tuvo mucho que ver con la capacidad instalada en los odiados 90, con la pérdida de memoria inflacionaria, con la quita de la deuda externa y con la pérdida por parte de los acreedores (locales y externos) de grandes fortunas. La devaluación monetaria dejó un colchón impresionante para el gran deudor que finalmente decidió no pagar. Y todos nosotros hemos visto reducidos nuestros ingresos en dólares de manera notable (y el valor de nuestros bienes).
Sería interesante que la Lic. Miceli, o el Dr. Aldo Ferrer posaran sus ojos sobre estos detalles, en lugar de seguir pensando que la panacea es la ley de abastecimiento y los retos y amenazas de todo tipo.
Buenos Aires, 19 de octubre de 2006 HÉCTOR BLAS TRILLO
ESTUDIO
HÉCTOR BLAS TRILLO
Economía y tributación
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