Tasas de Inflación en Argentina

Tal como venimos señalando, se hace cada vez más evidente el problema inflacionario en ciernes. Tanto que ya no se ocultan ni la preocupación ni los enfrentamientos entre los colaboradores presidenciales.

Como ha ocurrido en nuestra historia de los últimos 60 años, con el breve interregno de la instauración de la así llamada convertibilidad, los efectos inflacionarios de intentar lograr competitividad mediante el artilugio de la devaluación de la moneda, está mostrando con toda su crudeza la realidad: un signo monetario no puede porque una ley o un gobierno lo digan, forzar la aceptación o el valor del mismo por parte de la población. O para decirlo más crudamente: el mercado no se maneja con imposiciones, sino con toda una gama de informaciones que se fundamentan, especialmente, en la credibilidad. El crédito siempre es eso: creer en que lo que se nos está otorgando a cambio, tiene el valor que dice tener.

Está claro que los índices de precios del corriente mes de julio superarán el 1% según todas las proyecciones. También es evidente el enfrentamiento que suele producirse en los gobiernos entre los ministros. Mientras desde Economía se pretende mantener una cierta razonabilidad ante la posible disparada inflacionaria, desde otros sectores se necesita, tal vez por razones políticas, dar una imagen un tanto más contemplativa de las carencias de una buena parte de la población. No vale la pena reiterar lo que tantas veces hemos explicado: un “modelo” de sustitución de importaciones funciona con dólar alto, bajos salarios y pauperización de los activos en moneda fuerte. El cuadro, no por reiterado históricamente, deja de ser enteramente comprendido. Sólo con precios bajos en dólares la Argentina puede competir en el mundo, al menos con su producción primaria. Y para ello debe mantener un tipo de cambio artificialmente alto, que más temprano que tarde será “alcanzado” por los precios de bienes, servicios y salarios locales.

En el día de hoy el propio presidente salió a desmentir un posible aumento a los jubilados del orden del 10%, aunque en las usinas del gobierno bastante se había comentado sobre su otorgamiento. A su vez el crecimiento constante del gasto público para la realización de obras por parte del Gobierno, produce una aceleración de la demanda que gatilla fuertemente como disparadora de precios. En este marco: el Poder Ejecutivo lanza nuevas presiones sobre las empresas y pretende concertaciones de precios cuyo resultado efímero es más que obvio. Y dentro de las presiones que mencionamos, siempre está en danza la falta de seguridad jurídica. Es que si las empresas no “acuerdan”, mediante decretos de necesidad y urgencia o a través de los llamados “superpoderes”, serán modificadas tasas de tributos, por ejemplo.

En verdad, no termina de entenderse en qué momento se espera un crecimiento sostenido de la inversión, más allá de las razones que cada sector pueda esgrimir y de la razonabilidad de sus reclamos. Telefónica, por ejemplo, retirará la demanda ante el Banco Mundial presentada en el CIADI por 2.834 millones de dólares, que es el perjuicio que estima ha sufrido luego de la crisis de 2002. El gobierno ve este punto como una excelente noticia y tal vez lo sea. Pero hay que tener en cuenta que una empresa no renuncia a sus reclamos de manera gratuíta, sino que seguramente espera a cambio concluir sus negociaciones y acordar una línea futura que le permita una continuidad jurídica. Está muy bien luchar por los intereses del país y lograr lo que es mejor para todos nosotros, pero el marco en que tales logros se consiguen debe ser el de la prudencia y, sobre todo, el del respeto a los contratos, que incluyen, precisamente, la posibilidad de ser renegociados .

Bien, tenemos algunos datos positivos, como que las reservas han superado ya los 24.000 millones de dólares. Como también que los argentinos están reingresando dólares en el país, aunque hay que tener en cuenta que muchas veces las necesidades financieras obligan a “abrir el colchón”, mientras que en otros casos la atracción de los bonos ajustables por CER constituye un excelente incentivo.

 

También es importante que haya comenzado a renegociarse un acuerdo con el FMI para refinanciar los vencimientos de los próximos 3 años. Pero es sabido que el Fondo ha venido aumentando sus exigencias, lo cual produce bastante exasperación en los funcionarios argentinos, que entendemos justificada. Otro dato positivo que se observa día a día, es el crecimiento constante de la recaudación fiscal, incluso por arriba de las previsiones iniciales de incremento. También cabe mencionar que se ha producido una baja en las tasas en las colocaciones de Lebacs y Nobacs por parte del Banco Central, pero según ha trascendido los fondos fiduciarios estatales han salido a colocar fondos en estos títulos, provocando de ese modo tal caída en las tasas e inclusive para alentar a los demás inversores a colocaciones a más largos plazos. Cabe mencionar también lo que ha trascendido respecto del adelanto que el Gobierno ha enviado al Congreso Nacional sobre el Presupuesto para el año 2006, porque permite ver la línea en que continuarán deslizándose las prioridades en materia económica.

1. Tendrá un trato especial la suba de salarios y las jubilaciones. 2. Se destinará más financiamiento a las obras públicas en estado de ejecución.

3. Se tratará de iniciar las obras públicas anunciadas.

4. No está previsto bajar las tasas de impuestos (excepto, tal vez, en el IVA a los fertilizantes)

5. Si bien se indica un estado de revisión sobre las retenciones a las exportaciones, esto dependerá de la evolución del dólar y de la tasa de precios al consumidor.

6. Continuará igual el impuesto a las transacciones financieras (impuesto al cheque)

7. No está previsto atender a los acreedores que no ingresaron en el canje de deuda por la salida del default.

Otros datos que han trascendido indican que se eliminarán los topes de remuneraciones sujetas a contribuciones a cargo de los empleadores, y también que no habrá cambios en materia de aportes personales a las AFJP.

Como puede verse, sustancialmente se seguirá en la misma línea, para cuyo sostén es imprescindible tratar de mantener a raya las presiones inflacionarias, ante el riesgo de caer en la clásica espiral devaluaciones-aumentos de precios tristemente recordadas

El punto aquí está en el hecho de que mientras los precios al consumidor treparon un 65% desde la devaluación, los mayoristas lo hicieron un 150% y el valor de la divisa un 190%. Y este dato, matemático por lo demás, deberá tender a equilibrarse más temprano que tarde. De allí que en ciertos sectores haya comenzado a plantearse qué ocurrirá con el dólar y si verdaderamente es tan prometedor colocar dinero en títulos ajustables esperando alzarse con una diferencia en dólares monumental apostando al sostenimiento del valor del billete verde en torno de los $ 2,90. Es que si los márgenes se achican, una nueva devaluación se tornará inexorable.

No la esperamos en un plazo relativamente medio, nos apresuramos a decir. Pero todo depende de la evolución de precios y salarios, presiones sindicales incluídas.

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