Subas de Precios
La nafta más cara en las fronteras, el áspero enfrentamiento con el campo, el posible control del precio de los autos y la venta de gas más caro a Chile para "compensar" el nuevo precio del fluido boliviano, son trebejos de un mismo juego: el del intervencionismo.
Los dirigentes agropecuarios no pudieron seguir conteniendo a sus "bases": Confederaciones Rurales Argentinas convocó a un paro entre los días 22 y 25 del corriente mes de julio. Guillermo Moreno y Javier de Urquiza se reunieron con la gente de CRA en un postrer intento de frenar la escalada. Hasta el momento no hay gran cosa. Ni la ridícula reapertura de exportaciones cárnicas edición limitada ni la posible autorización para exportar 500.000 toneladas de trigo adicionales modifican el fondo de la cuestión. El campo está, como todos los productores y empresarios argentinos, y en definitiva todos nosotros, en manos de un grupo de funcionarios que se autodefinen como verdaderos y genuinos patriotas que luchan diariamente y a brazo partido por nuestro bien.
El acuerdo hasta fin de año con Bolivia que elevó el millón de BTU de gas de ese país de 3,40 a 5 dólares, lleva al Gobierno a intentar aumentar el que se exporta a Chile (esencialmente vía derechos de exportación). Si Bolivia sube más, la Argentina subirá más a Chile, si Bolivia baja el precio, Argentina baja el precio a Chile. Así son las cosas en la trama de los funcionarios que cuidan y protegen nuestros intereses.
La suba de los precios de los automóviles ha comenzado a preocupar (y a ocupar) al pintoresco secretario de Coordinación Técnica, que ya entabló negociaciones para "retrotraer" los valores a junio pasado. La historia se repite una y otra vez
Claro que meterse con los precios de la industria no es un tema menor. Es sabido que las Pymes han tenido considerables aumentos en sus costos en el último año especialmente, y que por lo tanto la rentabilidad les ha bajado, al tiempo que las importaciones de China y de Brasil siguen su curso ascendente restándoles posibilidades en la medida en que el "dólar alto" no alcanza con su altura tales subas de costos.. Si a ello le agregamos un congelamiento en el sector automotor el panorama puede pintarse con los ojos cerrados y ni vale la pena abundar.
Los que somos un poquito grandecitos recordamos las épocas en que un automóvil 0 km había que esperarlo un mínimo de 6 meses para recibirlo finalmente de color violeta y sin rueda de auxilio ni radio. Y aceptarlo o nada. O por supuesto entrar en el triste juego del mercado negro.
La suba de las naftas en zonas de frontera será opcional, pero es también un subproducto más de aislamiento en que nos encontramos. Probablemente no falta mucho para que todos los productos en todos los rincones del país tengan un precio para extranjeros oficialmente aceptado, porque en la práctica todos sabemos que ya está en vigencia.
Hay que tener en cuenta que en un escenario como el actual, la tendencia es a invertir en sectores de alta rentabilidad en los cuales el Estado no meta sus narices, o lo haga para "ayudar". Por ejemplo son importantes los incrementos en la construcción y también en la importación de telefonía celular, sectores ajenos por el momento a cualquier "acuerdo" con los funcionarios. Y precisamente el otro gran sector que viene creciendo y recuperando posiciones respecto de los años 90 es el automotor. Cuesta entender la necesidad de también allí establecer la cabeza de playa intervencionista,
En esta semana que concluye se registraron subas en los valores de los novillos en pie. Las causas fueron varias, desde la nueva norma de control informático en la Provincia de Buenos Aires para el transporte de animales, hasta el anuncio del paro de CRA, pasando por cuestiones estacionales. Sin embargo, el ìndice promedio de Liniers que estaba en marzo en $2,948 el kg, está hoy en día en 2,044, es decir algo más de un 30% abajo. La carne no bajó tanto en las carnicerías, porque como siempre decimos si el mercado paga un precio más alto no hay razones para que baje, a menos que por una cuestión de sacrificar ganancias los carniceros prefieran hacerlo, produciendo de ese modo un incremento en la demanda de carne que hará subir la hacienda en pie adicionalmente.
Una cuestión que no queremos dejar de mencionar es la del maíz. En EEUU está utilizándose cada vez más este grano para producir etanol, especialmente luego de la espectacular suba del petróleo. Así las cosas, el crecimiento de la demanda mundial puede acentuarse notablemente en los próximos años. La observación que cabe hacer aquí es la obvia: si el maíz sube internacionalmente, dado que es un producto de consumo local, aparecerán retenciones adicionales a sus exportaciones y probablemente controles de precios u otro tipo de retoques.
Es lamentable que sigamos sin entender dónde está el verdadero problema de la inflación en la Argentina y hasta el día en que estamos escribiendo estas líneas no hemos oído, leído, percibido u olfateado la más mínima noticia de que el Estado encararía una reforma tendiente a bajar el llamado costo argentino para convertir en realidad el sueño de ser competitivos en lugar de seguir recurriendo a artilugios monetarios que desde siempre terminan siendo la antesala del desastre.
Obsérvese por ejemplo el planteo de que los países del Norte deben eliminar subsidios agrícolas, como siempre decimos ello provocaría una suba de precios que inmediatamente dispararía las medidas tendientes a "garantizar el abastecimiento a precios que los argentinos puedan pagar". Es decir, a precios que puedan pagarse con salarios mermados en dólares porque el Estado argentino a propósito impulsa que la gente gane menos divisas.
Los subproductos del intervencionismo son muchos, y todos igualmente funestos. Tal vez la citada intervención en el mercado automotor no tarde en derivar en la promoción de un auto económico, con la respectiva ayuda estatal. Y no faltará oportunidad en que también escuchemos a nuestro presidente acusar a los empresarios del sector de abusarse o cosa por el estilo.
Dicen los economistas de todos los sectores que en economía puede hacerse cualquier cosa menos evitar las consecuencias. Si observamos las razones que se invocan para crear la Secretaría de Comercio Interior, según el decreto publicado ayer en el Boletín Oficial podemos ver, por ejemplo, que una de las funciones que tendrá esta demorada secretaría es la siguiente: "Supervisar las actividades relacionadas con la fiscalización del abastecimiento". ¿Cuáles son esas actividades?, ¿quién fiscaliza el abastecimiento y cómo se supone que logra que tal abastecimiento se produzca?, ¿cuál es la razón por la cual ha de supervisarse la supervisión (ya que ello y no otra cosa implica la fiscalización)?. Son variopintas las funciones de este nuevo organismo, señalaremos otro para concluir este trabajo y dejar a nuestros amables lectores absolutamente tranquilos:
"Evaluar el grado de competitividad en todos los ámbitos de la actividad económica, tipificando las estructuras de costos (?) de los bienes que conforman el mercado". Si este trabajo fuera sonoro, pondríamos un final de guitarras gardelianas. Aclaramos que todo el resaltado y el signo entre paréntesis nos pertenecen. Y la bastardilla también.
Cuando todos los ámbitos de la actividad económica se encuentren evaluados, y todas las estructuras de costos estén tipificadas, todo ello para todos los miles y miles de bienes que se comercializan, (y que casi en un desliz freudiano el autor del texto prefiere conformar), cuando todo esto ocurra, otra será la Argentina. Y por fin se acabarán los problemas de precios y las consecuencias de tantos pícaros que andan sueltos.
Buenos Aires, 15 de julio de 2006
HÉCTOR BLAS TRILLO