Impacto del Pensamiento Económico Martiano para la Emancipación Nacional y Social

Autores:
1. MSc. Osmany Aguilera Almaguer
2. MSc. Madelín Aguilera Borjas

El presente artículo posee el mérito de reunir en un solo texto con coherencia histórica y teórica, el inagotable caudal del pensamiento económico martiano y su impacto para la emancipación nacional y social en Cuba y en otros pueblos de América Latina, forjado en el debate sobre el futuro desde las posiciones del liberalismo pequeño-burgués y en el juicio crítico sobre los profundos cambios económicos.
PALABRAS CLAVES: Impacto, pensamiento, martiano, problemas económicos, imperialismo.

IMPACT OF ECONOMIC THOUGHT FOR MARTI NATIONAL AND SOCIAL EMANCIPATION

SUMMARY
The present study has the merit of bringing together in one text with historical and theoretical consistency, the endless flow of economic thought Marti and its impact on the national and social emancipation in Cuba and other Latin American peoples, forged in the debate on the future from the positions of petty-bourgeois liberalism and critical judgment about the profound economic changes.

KEYWORDS: Impact, thought, Martiano, economic problems, imperialism.

Introducción

En la historia de la humanidad no ha habido ningún cambio importante que no esté precedido por una elaboración intelectual. No hay Imperio Romano sin derecho romano y la cultura que se acumuló en el Mediterráneo; no hubiera existido ascenso del capitalismo en el tránsito entre la Edad Media y la Moderna sin el Renacimiento; tampoco hubiera existido revoluciones burguesas y ascenso del capitalismo europeo en los finales del siglo XVIII y XIX sin la ilustración y los enciclopedistas; no habría tampoco movimiento emancipador de nuestra América sin la enorme cultura que representan Bolívar, Martí y los próceres y pensadores de nuestras patrias. Muchos otros pueden ser los ejemplos. (1)

A Martí, como a cualquier personaje o acontecimiento histórico, para comprenderlo con toda su magnitud, para estudiarlo con profundidad para derivar de su conocimiento las enseñanzas aplicadas al presente, es necesario situarlo en su tiempo, en las peculiares condiciones en que se formó su liderato revolucionario, en el medio y el objeto, de sus luchas y sus acciones.

Ernesto Che Guevara planteó: Martí fue el mentor directo de nuestra Revolución, el hombre a cuya palabra había que recurrir siempre para dar la interpretación justa de los fenómenos históricos que estábamos viviendo y el hombre cuya palabra y cuyo ejemplo había que recordar cada vez que se quisiera decir o hacer algo trascendente en esta Patria... … así deben recordar a Martí, al Martí que habla y que piensa hoy, con el lenguaje de hoy, porque eso tienen de grande los grandes pensadores y revolucionarios: su lenguaje no envejece. Las palabras de Martí de hoy no son de museo, están incorporadas a nuestra lucha y son nuestro emblema, son nuestra bandera de combate.

Mientras que Fidel en su alegato “La Historia me Absolverá" decía que: Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo. Su legado no caducará jamás". Nuestra patria cuenta con el privilegio de poder disponer de uno de los más ricos tesoros políticos, una de las más valiosas fuentes de educación y de conocimientos políticos, en el pensamiento, en los escritos, en los libros, en los discursos y en toda la extraordinaria obra de José Martí...

... Porque soy cubano que desea el bien de todos y no el de un grupo, porque queremos una patria con todos y para el bien de todos eduqué mi mente en el pensamiento martiano que predica el amor y no odio, y es el Apóstol el guía de mi vida…

Igualmente, los contenidos del pensamiento económico de José Martí están referidos a las imbricaciones entre las urgencias de la economía latinoa­mericana como imperativo para la consolidación de la independencia nacio­nal, y a crear un estado de desarrollo económico que sirviera como garante de la vida nacional independiente, así como de valladar al expansionismo impe­rialista norteamericano.

José Martí representa el símbolo más alto de dos siglos de historia cubana y americana. Una cultura, que desde su gestación y nacimiento está volcada hacia la acción y vinculada por tanto a los problemas inmediatos de nuestra actualidad. Amar y pensar, he ahí el mensaje martiano que debemos asumir frente a desafíos que tiene ante sí la humanidad. (2)

A tales desafíos, nos surge la necesidad de una reflexión en torno al impacto del pensamiento económico martiano para la emancipación nacional y social, el cual trasciende en el tiempo y se arraiga en cambios que ha surtido a la humanidad. Para encontrar el camino de este pensamiento económico debemos partir de sus antecedentes e identificar cuáles son los problemas concretos de hoy.

Desarrollo

La época histórica en que vivió Martí impuso tareas singularmente complejas para la fundación del Estado nacional moderno en Latinoamérica. Crear una estrategia para la consecución de ese propósito imponía la necesidad de ser, profundamente, un hombre de ese tiempo, cualidad indispensable para deve­nir hombre de todos los tiempos. Y ello suponía conocer a plenitud todo lo que acontecía en su entorno. Razón que está en la esencia de la diversidad y la profusión de la vida y la obra del insigne cubano.

Para José Martí el logro de la independencia de Cuba y Puerto Rico era el requisito insoslayable para completar la formación del Estado nacional latino­americano. Pero alcanzar semejante propósito tenía que atender a lo peculiar de la situación hispanoamericana, que impedía una reproducción acrítica de los principios que en otras latitudes —las del desarrollo— habían guiado el devenir del capitalismo. Sobre las ruinas del legado colonial español había que constituir naciones con una peculiar composición socio-clasista.

Aunque los fundamentos económicos de la república democrática tienen que enraizarse, necesariamente, en el sistema general capitalista, Martí quiere que la república cubana – satisfaga el anhelo y la necesidad de cada ciudadano, sin distinción de razas ni de clases, mediante la abolición de todas las desigualdades sociales y de una equitativa distribución de la riqueza. Su criterio, a este respecto, no admite dudas. Martí encarna, en América, las esencias más puras y protagonistas del pensamiento democrático. (3)

Pero otro asunto de trascendental importancia tenía que ser analizado y sopesado por sus probables implicaciones para la América hispana. El último tercio del siglo XIX era el escenario de un rápido proceso de consolidación territorial, política y económica en los Estados Unidos, proceso en el que velozmente se dibujaban los contornos de un país imperialista, cuyas prime­ras pretensiones de dominio económico externo tenía las miras puestas desde las débiles repúblicas vecinas del sur hasta la lejana Asia.

De ahí que la época histórica que singularizaba el final del siglo XIX e impusiera a José Martí, en su condición primera de líder revolucionario, la necesidad de crear una estrategia de lucha en la que se armonizaran el logro del fin del colonialismo español en América, la creación y el afianzamiento de los Estados nacionales en las repúblicas latinoamericanas independizadas de España desde la tercera década de la centuria y la constitución de un valladar al expansionismo norteamericano hacia la América Latina, el cual se anunciaba pujante. Martí dedicó su breve, pero fecunda existencia a impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de Amé­rica, porque viví en el monstruo, y le conozco las entrañas.(4)

Para la realización de ese proyecto, el revolucionario cubano debió adentrarse en la comprensión del complejo mundo de las relaciones económicas internacio­nales. Una estrategia de desarrollo económico y social para la América Latina y el análisis del novísimo fenómeno del surgimiento del imperialismo en los Estados Unidos, constituyen las dos direcciones fundamentales del pensamiento econó­mico contenido a lo largo de las obras periodísticas y políticas de Martí.

La confirmación de los desvelos que el tema de la economía provocó en Martí es entendible si consideramos la importancia del asunto, tanto para las naciones latinoamericanas por constituirse y para los territorios coloniales de Cuba y Puerto Rico como por las implicaciones económicas y políticas de la emergencia del imperialismo. Ser líder revolucionario, elaborar una estrategia de lucha acertada, no podía dar la espalda al principio históricamente compro­bado de los vínculos indisolubles entre economía y política.

El carácter de tránsito de la época histórica en la que viviera Martí era la causa de que aún el nivel de desarrollo de la ciencia económica fuera insufi­ciente para la explicación de la realidad que debía racionalizar. Los estudios que en España realizara de Economía Política —en el texto del economista español Álvaro Flórez Estrada, divulgador de los postulados de los clásicos ingleses Adam Smith y David Ricardo—no resultaban suficientes para que el revolucionario cubano dispusiera de los instrumentos cognoscitivos nece­sarios para la interpretación de la cambiante situación que debía razonar. Por otra parte, no es hasta 1903 que se publica la primera obra de ciencia econó­mica en la que se hace referencia al fenómeno del imperialismo. (5)

Ya en aquel entonces ya Cuba vivía una vida anímica y empantanada, a merced de las barreras arancelarias norteamericanas, de los unilaterales tratados de reciprocidad y de los préstamos intervenidos, por lo que la curra del sojuzgamiento económico marcó sus temperaturas más altas.

En conse­cuencia, el pensamiento económico martiano no puede ser inscrito en una de las escuelas de economía política universalmente reconocidas y que han tenido su origen en latitudes en las que el desarrollo del capitalismo es el resultado de un devenir histórico autóctono.

La justificada importancia que siempre se le ha concedido al estudio de las doctrinas económicas, ha determinado cierto abandono del estudio del pensa­miento económico. Es claro que en aquellos países en los que las condiciones materiales y espirituales de vida de la sociedad han sido necesarias y suficientes para la elaboración de cuerpos teóricos que explican las leyes que rigen un desenvolvimiento económico original, sean cuna de doctrinas económicas.

En el vasto mundo de la dependencia que creó el sistema capitalista mundial no es válido pretender encontrar una producción intelectual que pue­da ser conceptuada como tal, siguiendo los mismos presupuestos que son útiles para situaciones de desarrollo económico autóctono. Allí en los países dependientes lo general es el pensamiento económico, reflejo sinuoso de los aspectos medulares de lo particular y lo general de una realidad económica que resulta del efecto de determinaciones externas sobre realidades que seguían un curso diferente al que le fue abruptamente impuesto.

Por eso, no parece aventurado considerar que el pensamiento económico de los países del Sur adquiere la relevancia y la significación que se les concede a las doctrinas económicas surgidas de los países de auténtico de­sarrollo capitalista. Doctrinas que son tenidas como ciencia capaz de explicar los fenómenos propios de la economía, ya sea en el polo del desarrollo o en el de la dependencia.

El desarrollo desigual del capitalismo como sistema mundial engendra tam­bién desigualdades en su comprensión y en los objetivos que se proponen el pensamiento económico y la doctrina económica. Esto explica la razón de ser de una de las características más significativas del pensamiento económico, del Sur: constituir programas de lucha por la implantación de un orden económico, político y social en correspondencia con los intereses de sus promotores.

Desde su más temprana juventud, Martí se definió como un liberal ameri­cano, en la conciencia de que la formación del estado nacional en Latinoamé­rica debía atender las particularidades propias de un desarrollo histórico en el que se conjugaban disímiles factores internos y externos y en la que había que superar el atraso económico y social desde una voluntad.

Crear el pensamiento económico de su estrategia para la emancipación nacional y social fue un imperativo del ejercicio del liderazgo político martiano. Pero ese pensamiento económico para resultar eficaz como programa de lucha debía ser profundamente autóctono y raigalmente universal, pues cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, que pide diversos grados de la medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint-Simón, ni Karl Marx, ni Mario, ni Bakunin. Las reformas que vengan al cuerpo. // Asimilarse lo útil es tan juicioso, como insensato imitara ciegas. (6)

Por ello, las fuentes de la formación del pensamiento económico martiano —aspecto consustancial de su programa de lucha— han de ser identificadas en su profundo conocimiento de la voluntad latinoamericana por crear una política económica autóctona, apropiada para encauzar los empeños de la constitución de estados nacionales independientes.

Su conocimiento de pri­mera mano de los problemas económicos y de los debates que ellos suscita­ban en México, Guatemala y Venezuela, al igual que sus contactos de diversa índole con otros países hispanoamericanos como Uruguay, Argentina, Para­guay, Honduras, Puerto Rico, etc., son sustrato del programa de lucha de José Martí para enfrentar una nueva forma de dominación económica —el neocolonialismo— que por entonces era imposible de predecir si, como él, no se entendían los acontecimientos económicos como interdependientes.

Igualmente, los tres lustros que Martí viviera en los Estados Unidos le dieron la oportunidad de conocer las cualidades del tránsito del capitalismo de la etapa de libre concurrencia a la monopolista, no sólo en sus determina­ciones para la sociedad norteamericana, sino también las derivaciones para la constitución de un nuevo sistema de relaciones entre la América del Norte y la del Sur, en detrimento de la última.

El análisis martiano, en el que se conjugaba una perspectiva histórica de los acontecimientos políticos, es lo que explica que para la indagación sobre la realidad económica que le fuera contemporánea, Martí se hiciese de un método histórico-político para la aprehensión de sus aspectos esenciales. (7)

En ausencia de un cuerpo teórico desde el que racionalizar el complejo de cambios que tenían lugar en el devenir capitalista mundial y que atañía tanto al capitalismo desarrollado como a su variante dependiente, "Martí debió desentrañar de esa realidad sus determinaciones. Para ello se valió de la más profunda observación de su contexto desde una perspectiva en la que el historicismo y el sentido político fueron las claves para la creación de una estrategia de lucha por la emancipación nacional y la justicia social.

Sin dudas, este factor tuvo mucha más fuerza en la configuración de su ideario económico que las doctrinas eco­nómicas que le fueron contemporáneas, incapaces de explicar las novedades de la nueva etapa del desarrollo capitalista mundial, con implicaciones decisi­vas para la expansión de la interdependencia entre países y territorios que desde su surgimiento había ido forjando el capitalismo.

Esto es tanto necesario cuando observamos a menudo la tendencia a utilizar las proporciones del pasado con fórmula enteramente aplicables a los problemas y necesidades del presente. Y al decir esto –entiéndase bien- no negamos que muchos criterios de pensadores económicos pasados y aun de sus indicaciones concretas sobre cuestiones particulares, mantengan toda vigencia en el presente, no ya como fórmulas terminantes, sino como líneas generales de la acción necesaria.

El contacto íntimo con las realidades de la América Latina y los Estados Unidos nutrió en José Martí un pensamiento económico que no es la obra de un científico social interesado —desde la abstracción— en poner en claro el curso seguido por la economía mundial. Es, comodantes ha sido declarado, una indagación realizada desde la perspectiva de un político acicateado por la necesidad de hacer viable un programa de lucha, para las conquistas que conformaban el interés de un conglomerado de naciones, en proceso de cons­tituirse en estados nacionales, y de dos islas que eran el último reducto del colonialismo en la América hispana. Pero no por ser la obra de un político podemos considerar al pensamiento económico martiano como carente de valor científico.

En las reflexiones económicas de José Martí está el funda­mento de la aprehensión, desde el lado de la dependencia capitalista, de las particularidades de una coyuntura histórica de implicaciones raigales para nuestra contemporaneidad. Desde Martí, el pensamiento revolucionario en la América Latina, expresión de los intereses nacionales legítimos, ha sido aquel que se caracteriza por ser profundamente antiimperialista y latinoamericanista. La referencia al liberalismo pequeñoburgués latinoamericano como la pri­mera de las fuentes de la formación del pensamiento económico martiano obedece a un criterio cronológico. Sin embargo, la exposición del contenido de ese pensamiento económico resulta más comprensible si se obra a la inver­sa.

Explicar primero el contenido de las consideraciones martianas sobre el surgimiento del imperialismo en los Estados Unidos, permite entender sin saltos, cómo la estrategia de desarrollo económico que Martí elaborara para la América Latina en el segundo lustro de la década de 1860-1870 fue adecuada, varios años después, entre 1889 y 1891, a las exigencias que imponían los primeros ejercicios del capitalismo monopolista norteamericano en pro del establecimiento de mecanismos de sujeción económica para Hispanoamérica.

De ese modo, Martí superaba las limitaciones que habían provocado la quiebra del liberalismo pequeñoburgués latinoamericano, que había confiado el desarrollo económico de la región al establecimiento de fuertes lazos con la economía norteamericana. Pero además, para los Estados Unidos la frustración de la independencia de Cuba y Puerto Rico era un asunto clave. De ahí que no resulte ocioso reiterar, una vez más, la subordinación del pensamiento econó­mico de José Martí a la causa de la independencia de la América hispana.

Pero analizar los cambios económicos en los Estados Unidos y la América Latina, así como sus interrelaciones, suponía asumir una actitud creadora, revolucionadora, ante la ciencia económica. En 1875, Martí afirmaba en los Boletines de Orestes lo que sería su credo científico en esta área del pensa­miento social: La economía ordena la franquicia; pero cada país crea su especial economía. Esta ciencia no es más que el conjunto de soluciones a distintos conflictos entre el trabajo y la riqueza: no tiene leyes inmortales: sus leyes han de ser, y son reformables por esencia [...] A propia historia, solucio­nes propias. A vida nuestra, leyes nuestras. (8)

Los años de 1889 a 1891, como antes se ha señalado, son básicos para el entendimiento del desarrollo del nivel alcanzado hasta entonces por el capita­lismo monopolista en los Estados Unidos. Pero también lo fueron para la maduración del pensamiento económico de José Martí. Él describió, con inigualable hondura, los rasgos que definían la nueva situación: el surgimien­to de los monopolios, la aparición de la oligarquía financiera y los primeros intentos por instaurar la dependencia neocolonial. En 1893, Federico Engels, en el «Complemento al Prefacio» (9) que redactara para el tercer tomo de El capital, de Carlos Marx, señalaba esos mismos rasgos como la evidencia de las transformaciones que se anunciaban en el devenir capitalista.

Lo particularmente valioso de las conclusiones martianas acerca de los rasgos del imperialismo arriba mencionados fue el resultado de una obser­vación atenta de la evolución de los acontecimientos que cualificaban la sociedad norteamericana desde su llegada en 1881. La capacidad demostrada para la interpretación de esos nuevos fenómenos es una de las cualidades distintivas del carácter revolucionador del pensamiento martiano, también en el tema de los cambios económicos internacionales.

No es casual que en su análisis del proceso de monopolización de la economía norteamericana, y de sus implicaciones para el resto de las esferas de la sociedad de esa nación, Martí haya aportado valiosos elementos de juicio sobre ese momento especialmente crítico de la evolución de la sociedad norteamericana.

El análisis de la imbricación entre Estado y economía, tanto en sus determinaciones internas como internacionales, están presentes en el ideario doctrinal martiano sobre el imperialismo estadounidense. Igualmente ocurre con el estudio que realizara sobre el proceso de concentración y cen­tralización de la producción; sobre los aciertos y debilidades del movimiento social antitrust; sobre los problemas monetarios y agrarios; sobre las causas del surgimiento de los monopolios.

Es poco probable que para 1884 haya una definición del fenómeno del monopolio de mayor alcance que la del revolucionario cubano. Desde fecha tan temprana señaló que el monopolio ha centralizado en enormes compañías, empresas múltiples, las cuales impiden con su inaudita riqueza y el poder social que con ella se asegu­ra, el nacimiento de cualquiera otra compañía de su género, y gravan con precios caprichosos, resultado de combinaciones y falseamientos inicuos, el costo natural de los títulos y operaciones necesarias al co­mercio [...] Todo aquello en que se puede emprender está en manos de corporaciones invencibles, formadas por la asociación de capitales desocupados a cuyo influjo y resistencia no puede esperar sobrepo­nerse el humilde industrial [...] El monopolio es un gigante negro [...] Este país industrial tiene un tirano industrial. (10)

La indagación martiana acerca de las causas que favorecieron la aparición de los monopolios en la economía norteamericana y de la repercusión que ello tuvo en las condiciones de vida de la clase trabajadora, constituye un aporte al conocimiento de las particularidades del tránsito, en los Estados Unidos, de la economía capitalista de libre concurrencia a la economía monopolista. La bibliografía económica sobre el asunto, producida con posterioridad, reconoció en el proteccionismo y en el abuso de la propiedad pública los elementos aceleradores del proceso de monopolización.

En un informe al Ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, el Héroe cubano había apuntado: Hoy han variado profundamente las condiciones de la industria norte­americana, que con los provechos excesivos que le permitió allegar durante su infancia un proteccionismo exagerado, ha terminado por producir mucho más de lo que puede vender, a causa del alto precio que se ve forzada a demandar por sus productos, en consecuencia de ese mismo sistema de protección que la estimuló a aglomerar los me­dios de elaborarlos en exceso."

El abuso de las tierras públicas, por el contubernio entre el gobierno y los magnates financieros, fue la causa de un fuerte movimiento agrarista en los Estados Unidos encabezado por el economista Henry George.

Coinci­diendo con el líder agrario norteamericano que tantas simpatías le mereciera, Martí señaló: Del abuso de la tierra pública, fuente primaria de toda propiedad, vie­nen esas atrevidas acumulaciones de riquezas que arruinan en la com­petencia estéril a los aspirantes pobres: vienen esas corporaciones monstruosas, que inundan o encogen con su avaricia y estremecimien­tos la fortuna nacional: vienen esos inicuos consorcios de los capitales que compelen al obrero a perecer sin trabajo, o a trabajar por un grano de arroz: vienen esas empresas cuantiosas que eligen a su costo sena­dores y representantes; o los compran después de elegidos, para ase­gurar el acuerdo de las leyes que les mantienen el goce de su abuso; y les reporta, con la autoridad de la nación, nuevas porciones de la tierra pública, en cuyo producto, siguen amasando su tremenda fuerza. (11)

Las implicaciones sociales del monopolio identificadas por José Martí, no desconocieron el impacto que también tuvieron en la composición social de la clase burguesa norteamericana y que diera como resultado la aparición de una oligarquía financiera, expresión del maridaje entre los intereses de las burguesías industrial y financiera, constituida desde entonces en una élite que se hizo del poder. El nuevo papel del Estado en la sociedad norteamericana lo definió como: el sistema de los bolsistas que estafan, de los representantes que compran la legislación que les conviene, de los representantes que se alquilan, de los capataces electorales que sobornan a estos, o los defienden contra la ley, o los engañan; el sistema en el que la magistratura, la representación nacional, la Iglesia, la prensa misma, corrompidas por la codicia, habían llevado, en veinticinco años de consorcio, a crear en la democracia más libre del mundo la más injusta y desvergonzada de las oligarquías."

El antagonismo engendrado por el capitalismo monopolista norteamericano fue visto por Martí como la causa de la finitud de esa situación. La agitación que vive la clase obrera de los Estados Unidos desde la segunda mitad de la década de 1880 fue vista desde la perspectiva martiana como un época de reenquiciamiento y remolde, pues por la libertad fue la Revolución del siglo XVIII; por la prosperidad será la de este.

La magistral comprensión martiana del proceso de monopolización de la economía norteamericana y sus implicaciones para la América Latina en la más clara expresión de que su pensamiento económico es parte consustancial de su programa de lucha por la emancipación nacional y social latinoamericana. Su concepción acerca del imperialismo fue puesta en función de establecer las vías a través de las cuales la América Latina podía hacer frente al peligro que desde el norte se abalanzaba.

La desembozada pretensión norteamericana de crear un sistema panamericano que le garantizara el predominio sobre la América Latina, pretensión de la que no hubo dudas a partir de la convocatoria de la Conferencia Internacional que se celebrara en Washington en 1889-1890, había sido prevista por Martí desde que comenzaron los primeros pasos en esa dirección.

El objetivo perse­guido por el Tratado de Libre Comercio propuesto a México por los Estados Unidos en 1883 fue uno de esos primeros indicios que Martí advirtiera. En 1885, en «Cartas centroamericanas», subrayó: Un conjunto de medidas que implica­ban el cambio más grave que desde la guerra han experimentado acaso los Estados Unidos. De nada menos se trata que de ir preparando, por un sistema de tratados comerciales o convenios de otro género, la ocupación pacífica y decisiva de la América Central e islas adyacentes por los Estados Unidos. (12)

El panamericanismo inspirado en los preceptos de la Doctrina Monroe y que expresaban las contradicciones anglo-norteamericanas de la época de Martí, fue desentrañado por él en doce grandes reportajes a La Nación, de Buenos Aires, y nueve cartas definitorias en las que dibuja el más consistente y penetrante ideario antiimperialista de su tiempo. (13)

Los móviles que animaban a los Estados Unidos en los cónclaves de 1889-1890 y 1891 los estudió a través de los objetivos de los monopolios, de los representantes de estos y de los imperativos internacionales de la política interna del país. (14)

La voracidad con que se anunciaba desde su gestación el imperialismo norteamericano, obligaba, según la perspectiva martiana, a establecer con precisión las diferencias entre el Norte y el Sur del Continente americano, único modo de identificar las vías para impedir que el nuevo coloso se abalan­zara sobre Latinoamérica.

Por eso señala: La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros [...] por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. [...] Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continen­tales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. (15)

La consolidación de una estructura económica viable en lo interno e internacional, era uno de los requisitos para la definitiva fundación nacional latinoamericana y para evitar los riesgos de una nueva forma de sujeción.

En la estrategia martiana para el desarrollo económico y social latinoame­ricano, cuyas raíces están en el liberalismo pequeñoburgués latinoamericano, se considera que «es imposible, por otra parte, que un gran territorio agrícola y minero no sea también un gran territorio industrial [...] Es, pues, de alentar toda industria que tenga raíces constantes en el territorio que la inicia». (16)

La necesaria participación de esa producción en las relaciones económi­cas internacionales requería de una conducta heterodoxa en cuestiones de comercio, como la que habían propugnado los liberales pequeñoburgueses. En tal sentido Martí consideró que: Fuera impolítico y erróneo cerrar hoy los puertos a los efectos extranje­ros: parece necesario limitar la introducción con derechos relativamen­te crecidos; pero sólo una manera se ofrece de destruir la vacilante situación actual de la riqueza: la competencia es esta manera única; la competencia que no se podrá establecer con los arbitrios generales de la hacienda, que de la misma manera gravan al efecto de consumo que se introduce, que al instrumento de trabajo que nada debería pagar. (17)

Una economía con dinámica propia sería, además, fuente de justicia social, en la convicción martiana de que El mejor ciudadano es el que cultiva mejor una mayor extensión de tierra. (18)

De ahí que la educación para el ejercicio de derechos democráticos, y para la aplicación de técnicas modernas de cultivar, fuera uno de los fundamentos de las consideraciones martianas acerca de la relación economía-vida social. Pues el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos en instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y se ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. [...] Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. (19)

No se trata, como puede constatarse en la referencia anterior, de una ex­temporánea defensa de los postulados de la fisiocracia francesa de finales del siglo XVIII. Todo lo contrario. Es el caso de un modo creador de hacer viable un proyecto en el que se armonizan los postulados universales del comercio internacional de su época —las ventajas comparativas como factor clave en la decisión de las ramas productivas de un país—y de las particularidades de una región en la que son denominador común la tierra y la minería como medios fundamentales para esa producción en países en los que, además, la estructura socio-clasista impone la necesidad de atender con criterios origi­nales el tema de la utilización de la fuerza de trabajo. Desarrollo económico y justicia social para el engrandecimiento de los pueblos latinoamericanos, son la clave de la estrategia martiana para consolidar la independencia y hacerle frente a una nueva forma de dominación económica y política.

Conclusiones

El paradigma martiano continúa nutriéndose de decisivas batallas, ante los grandes desafíos que hoy enfrenta el pueblo cubano en un mundo complejo y convulso, donde el imperialismo –que oportunamente vislumbrara y denunciara el Apóstol- pugna por afianzar su hegemonía internacional y una ideología de raigambre fascista, mientras que movimientos crecen y se afianzan en diversas regiones del orbe, en especial Latinoamérica, donde las ideas del Maestro, junto al legado de hombres de la estirpe de Bolívar, sirven de acicate e inspiración para librar la última gran batalla para la independencia de América latina y lograr así un desarrollo económico más sostenible.

Referencia Bibliográfica

(1) Hart Dávalos, Armando. El legado filosófico de José Martí. Revista Cederista. Año XI.’No. 53, enero-marzo de 2007, p 23. [email protected]

(2) Roa, Raúl. Rescate y proyección de Martí. Siete enfoques marxistas sobre José Martí. Editorial Política, La Habana, 2005, p 18-19.

(3) Ídem, p. 23.

(4) Carta a Manuel Mercado, O.C., La Habana, 1963-1973, XX, 161.

(5) Flores Estrada, Álvaro. Curso de Economía Política, 2 t., 6ta. Ed., corregida y aumentada, Madrid, Imprenta Nacional, 1848; M. Jiménez Catalán y J. Simón y Urbiola: Historia de la real y Pontificia Universitaria de Zaragoza, Tipografía La academia, Cinegio 3, 1923, t.II, pp. 73-104.

(6) Desde el Hudson, O.C., XII, 378.

(7) Monal Isabel. José Martí: del liberalismo al democratismo antimperialista. Casa de las Américas, La Habana, no. 76, enero-febrero de 1973, pp. 24. 24-41.

(8) Graves motines, O.C., VI 311-312.

(9) Federico Engels: La Bolsa, en Carlos Marx: El capital, La Habana, Venceremos, 1965, t. III, p. 44.

(10) O.C., X, 84-85.

(11) Carta al Ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, O.C., VIII, 65.

(12) Cartas centroamericanas, O.C., VIII, 87.

(13) Juan Marinello: Balance y razón de una universalización creciente. El antiimperialismo de José Martí. Dieciocho ensayos martianos, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editora Política, 1980, p.111.

(14) Sobre el panamericanismo pro imperialista, ver O.C., VI, 33, 56-58 y 61; sobre la acción de los Estados Unidos contra Inglaterra en la América Latina, VI, 34, 41, 45, 57, 61 y 109; sobre los delegados norteamericanos al Congreso Internacional de Washington, O.C., VI, 34/38, 40, 42, 43, 45, 58, 75, 78, 81 y 91; sobre la identificación de los intereses norteamericanos en la América Latina, VI, 35, 39, 43, 44, 49, 50, 51, 58, 59, 60; VII, 48.

(15) Nuestra América, O.C., VII, 27-28.

(16) La industria en los países nuevos, O.C., VII, 27-28.

(17) Escasez de noticias electorales, O.C., VI, 2690270.

(18) Reflexiones, O.C., VII, 164.

(19) Nuestra América, O.C., VI, 17-18.

Bibliografía

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Como citar este texto: 

Federico Anzil (28 de Sep de 2012). "Impacto del Pensamiento Económico Martiano para la Emancipación Nacional y Social". [en linea]
Dirección URL: http://www.econlink.com.ar/pensamiento-economico-marti (Consultado el 03 de Abr de 2017)


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