El ahorro de la Nación

El ahorro de la Nación

Una eficiente política anti cíclica para la economía Argentina

Introducción. Un hombre que marco la historia

Cuenta la Biblia en el libro de Génesis, que el faraón de Egipto tuvo un sueño de siete vacas flacas que se comían a siete vacas gordas. En otra noche soñó que siete espigas marchitas y menudas que devoraban a otras siete espigas llenas y hermosas.

José, que era un hombre de Dios y estaba en prisión, fue llamado para interpretar los sueños del faraón.

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Luego de escuchar sus sueños José, que tenía el don dado por Dios para interpretar los sueños, le dijo que se avecinaba siete años de prosperidad (representado por las vacas gordas y las espigas hermosas) y siete años de miseria (representado por las vacas flacas y las espigas marchitas). El sueño le indicaba lo que Dios iba a hacer en Egipto.

Y así sucedió tal como José lo había interpretado, solo que mientras duro la etapa de prosperidad en Egipto, José administró reservas para enfrentar la futura etapa de crisis. Por esta razón, Egipto pudo pasar por dicha etapa sin mayores inconvenientes ya que contaba con suficientes recursos ahorrados de los 7 años de prosperidad.

Una herramienta anti cíclica:

El ingreso de un individuo solo puede tener dos destinos posibles: el consumo y el ahorro. A su vez, el consumo puede ser de dos tipos:

a) De bienes durables, que son aquellos que tienen una vida útil relativamente prolongada, por ejemplo, el automóvil.

b) De bienes no durables, que son los que se consumen (o agotan) en sus primeros usos, verbigracia, el jabón).

Y por su parte el ahorro es el que en definitiva permite a futuro que los individuos consuman bienes durables o no durables. Dichos en otros términos, representa un consumo pero futuro.

La relación consumo + ahorro depende del nivel de ingreso que tenga el Individuo. Un sujeto con un ingreso mínimo y con necesidades básicas insatisfechas, seguramente va a destinar el 100% de sus ingresos al consumo, y más precisamente al consumo bienes no durables (alimentos, por ejemplo). Mientras que sujetos con mayores niveles de ingresos, destinarán una mayor parte al ahorro. Esto equivale a decir que mientras se incrementa el nivel de ingreso, la parte destinada al ahorro es cada vez mayor. Al respecto la Teoría Keynesiana sostuvo que la propensión al ahorro se incrementa más que proporcionalmente a medida que el nivel de ingreso se eleva, en relación con al consumo.

En consecuencia, mientras mayor es el nivel de ingresos, mayor será la propensión al ahorro ya que las necesidades básicas quedan satisfechas.

Con el Estado o los Estados (nacional, provincial o municipal) sucede un fenómeno similar, dado que tienen necesidades que deben ser satisfechas, ya sea mediante bienes durables o no durables. En esta última categoría podemos incluir también a los servicios. Para esto tiene un nivel de ingreso dado por los recursos tributarios y los patrimoniales (o mas comúnmente llamados "recursos no tributarios").

Mientras que las necesidades básicas de un Estado (ya sea nacional, provincial o municipal) no estén satisfechas, todos los recursos públicos se destinarán al consumo. Recién cuando estas queden cubiertas, se podrá pensar en el ahorro.

Lo dicho en el párrafo anterior equivaldría a sostener que:

a) En una situación de déficit del presupuesto, el ingreso del Estado será igual al consumo. O sea, se consumirá todo lo que se ingresa.

b) En una situación en la cual los ingresos públicos son similares a los gastos, es decir, cuando existe un equilibrio en las cuentas públicas, aquí tampoco existirá el ahorro. Esto es asi porque los ingresos son solo suficientes para cubrir el consumo normal del Estado.

c) En cambio, una situación de superávit es la que le permite al Estado ahorrar.

Tal vez surja la pregunta de porque un Estado debe ahorrar. Sin lugar a dudas la respuesta está en la introducción de este artículo, con la historia de José. Toda economía pasa por cuatro Ciclos: cima (o auge), recesión, depresión (o fondo) y ascensión (expansión o recuperación). Estos Ciclos son inevitables, tarde o temprano la economía pasará por los mismos. Lo que sucede es que los Ciclos pueden ser más cortos o más largos, dependiendo de las características de la economía, lo que hará que la caída sea abrupta o no, o se salga rápidamente de la crisis.

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Cuando las economías pasan por los Ciclos de la recesión y la depresión, la recaudación tributaria suele reducirse producto de haberse contraído la demanda. Esto lleva a un retroceso de las actividades económicas. Para paliar esta consecuencia, los Estados incrementan la presión tributaria lo que provoca la contracción aún más de la economía.

En dos artículos anteriores Diario Eleve. “El sistema tributario argentino y su armonización interna. Una visión particular en el marco de una economía recesiva”. 14 de Enero de 2013. www.ele-ve.com.ar. expuse que es una política errada la de incrementar la presión tributaria en épocas de crisis, ya que esto solo provoca más recesión. Los Estados debieran recurrir a otras alternativas para compensar la reducción de la recaudación tributaria o la suba de los gastos. Tal vez algunos pensarían en el endeudamiento, pero claro está que a la larga esto conlleva al pago de oneroso intereses.
Por todo lo expuesto pienso que la mejor manera de mitigar los problemas económicos derivados de una economía que pasa por la recesión o depresión, es administrar mas racionalmente los recursos en los momentos de auge de la economía. Debe impulsarse que los Estados ahorren, que realicen reservas a los fines de que se utilicen en momentos de crisis para dar un impulso a la economía, para amortiguar el paso por los Ciclos económicos.

El Estado debe ser previsor, sobre todo en épocas de prosperidad o de aceleración de la economía, es ahí cuando debe destinar una parte los recursos públicos (tributarios y patrimoniales) al ahorro. Aunque esto requiere obviamente de reglas claras, a fin de evitar que los gobiernos de turno echen manos a los ahorros de la Nación para utilizarlos con objetivos electorales. Por esta razón debiera establecerse por ley el porcentaje de los recursos que deben destinarse al ahorro, así como también los parámetros precisos y concretos que indiquen cuando deben ser utilizados. Aunque pienso que el congreso, o las legislaturas provinciales o los consejos deliberantes, según el caso, debieran ser los órganos encargados de aprobar y revisar su utilización.

Y una reflexión final

Este articulo fue un intento de dilucidar nuevamente la utilidad de una política anti cíclica, que fue utilizada hace miles de años por José en Egipto. Espero que a través del mismo tomemos conciencia que debiera recurrirse al ahorro nacional, provincial o municipal como política racional para la Administración eficiente y eficaz de los recursos públicos, a fin de ser utilizados en momentos de crisis. Y de esta manera no recurrir a elevar la presión tributaria que solo trae como consecuencia desacelerar aún más la economía.

Richard Leonardo Amaro Gómez
Contador Público
Licenciado en Administración de Empresas
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