Crisis Financiera - Reserva Federal

02 de octubre de 2008

EE.UU. cae por argentinización

Por el Lic. Aldo M. Abram

En la Argentina, hemos escuchado a varios funcionarios públicos y economistas hablar de que la crisis muestra el fracaso del modelo de libre mercado y de que el paquete es una solución que muestra un cambio de rumbo. Ninguna de ambas cosas es cierta. Lo que observamos en la potencia del Norte lo podemos definir como el fruto de la «argentinización» de la política económica y monetaria estadounidense. En tanto que el paquete de salvataje es sólo una muestra más de ello.

Dado que el gobierno estadounidense tiene déficit fiscal, para poder absorber los activos «basura» de su sistema financiero deberá tomar fondos en el mercado. De esta forma, presionará al alza de las tasas de interés; pero como, hasta ahora, la Reserva Federal ha decidido que ésta debe permanecer en 2%, deberá proveer los recursos necesarios a través de operaciones de mercado abierto. Es decir, el Banco Central emite dólares para comprar bonos del Tesoro de los EE.UU. y financia al gobierno. Esto debería sonarle conocido a cualquier argentino medianamente informado ya que es una historia repetida en nuestro país y terminará de la misma forma que aquí.

El exceso de oferta de dólares presionará a su baja y, dado que es la unidad de medida de los valores de los bienes y servicios en los EE.UU. y del comercio internacional, pronto la reducción del « metro» se notará en el alza de los precios domésticos y de los bienes comercializables. Por lo tanto, los tenedores de moneda estadounidense ayudarán a los contribuyentes de dicho país a sufragar el salvataje, pagando el impuesto inflacionario, o sea perdiendo poder adquisitivo.

El paquete de absorción de créditos «tóxicos» puede que permita evitar una crisis sistémica en EE.UU., lo que no está mal; aunque no resolverá el problema de fondo. Esta coyuntural «solución» parte del diagnóstico de que un grupo de especuladores se dedicó a prestarle irresponsablemente a gente que quería comprar una vivienda y no calificaba para un crédito. Sin embargo, cuando uno ve lo ocurrido en el mundo, observa que las tasas de riesgo-país de las economías emergentes nunca bajaron tanto como hasta fines de 2006. En tanto, los mercados de activos financieros e inmobiliarios alcanzaron valores récord medidos en dólares en casi todo el planeta. Entonces, parece que en todas partes hubo un incentivo desmesurado a asumir riesgo para ganar un centavo más; lo cual sólo pasa cuando la liquidez abunda y, estos excesos, sólo los pueden generar los bancos centrales. ¿Cómo sucedió?

En el año 2000, la economía de EE.UU. amenazaba con iniciar un proceso de ajuste y se inició un proceso muy «argentino» de acumulación de déficits fiscales extravagantes y de excesos monetarios. En 2001, la Reserva Federal, dirigida por Alan Greenspan, en pos de alentar la demanda interna, empezó a inyectar fuertes dosis de liquidez, bajando su tasa de referencia hasta 1%. Por otro lado, el presidente Bush empieza a desandar el camino de superávit fiscal de la administración Clinton y aumenta la demanda de crédito del Estado; lo que se agravó desde el 11 de setiembre de 2001.

Luego, en 2003, el nivel de actividad comenzó a crecer y el sector privado, también, incrementó su demanda de financiamiento. Ante dichas presiones al alza sobre la tasa de interés de mercado y para evitar que subiera por encima de la que había fijado como referencia, la Reserva Federal respondió comprando, con emisión, bonos del Tesoro de los EE.UU.

El problema es que la gente y el gobierno demandaban crédito para gastar y la Fed les daba dólares, que no necesariamente contaban con una demanda para atesoramiento. Por lo tanto, el exceso de oferta hizo bajar a la moneda estadounidense desde 2002, incentivando la suba de precios doméstica, de los bienes comercializables internacionalmente y de los activos financieros e inmobiliarios.

Incentivos

En mayor o menor medida, esta política monetaria flexible de la Fed fue seguida por otros bancos centrales, por lo que no extraña que las presiones inflacionarias hayan alcanzado, también, a sus unidades monetarias. Tampoco lo es que, en pos de mejorar los menguantes rendimientos, los inversores se vieran incentivados a asumir riesgo, en forma exagerada.

Desde 2004, la Reserva Federal decidió combatir la aceleración de la inflación aumentando muy gradualmente la Federal Fund Rate. Hacia fines de 2005, había un amplio consenso sobre la necesidad de un «aterrizaje suave» o ajuste moderado en 2006.

En mayo de dicho año, luego de nuevos récords en los precios de los activos financieros, empezó a crecer la expectativa de un ajuste y pareció iniciarse un «aterrizaje (excesivamente) suave». Pero la Reserva Federal, con su nuevo presidente Ben Bernanke, decidió detener, en 5,25%, la suba de su tasa de referencia por temor a las señales de debilidad del sector inmobiliario de los EE.UU. y su impacto negativo en la economía. Para agosto, quedó claro que no habría nuevas subas e, incluso, los inversores comenzaron a descontar una baja, lanzándose nuevamente a maximizar ganancias. El «avión» lejos de apuntar la trompa hacia abajo y reducir la velocidad para aproximarse a la pista, siguió acelerando y mirando al cielo.

Hasta junio de 2007, se siguieron batiendo récords de precios y, más que un aterrizaje, parecía un alunizaje. No obstante, todos sabemos que es imposible que un avión alunice y lo que nos trajo a la tierra fue el estallido de la crisis del sector inmobiliario e hipotecario de los EE.UU.

Explotó primero allí porque debía ser el mercado más «inflado», pero los efectos de los excesos afectaban a los valores de todos los bienes y activos internacionales.

Ya no era posible un « aterrizaje suave» porque la Fed obligó al avión a subir demasiado alto. Sin embargo, pudimos haber tenido un aterrizaje algo brusco, pero controlado.

Simplemente, se necesitaba que los bancos centrales del mundo siguieran proveyendo liquidez a los bancos para evitar una crisis del sistema financiero, como lo viene haciendo el Banco Central Europeo. Mientras tanto, convenía dejar que los precios de activos financieros e inmobiliarios ajustaran a la baja y que la economía internacional se desacelerara.

Empero, la Reserva Federal decidió bajar la tasa de interés e incrementar los excedentes de liquidez existentes, respondiendo complacientemente a los ruegos de los inversores, que querían seguir ganando con el alza de los mercados, y de los políticos, deseosos de sostener un crecimiento económico artificial. Desde entonces, se continúa en este rumbo de colisión.

Esta historia también es una vieja conocida de los argentinos y sabemos como termina. Se postergan los costos de los anteriores errores de funcionarios gubernamentales (en general, fiscales) y/o de los bancos centrales (excesos monetarios); pero se potencia el ajuste cuando éste se vuelve inevitable. Ahora estamos en esa etapa y el paquete de salvataje es un paso más. Más allá del « veranito» que su aprobación pueda traer, la Reserva Federal deberá optar por subir sus tasas y evitar que se acelere la inflación, profundizando la recesión que se viene, o seguir con la «fiesta» y meter a EE.UU. en una « estanflación».

El Lic. Aldo Abram es economista de la UBA con un master en economía del CEMA. Es director-socio de Exante SRL y director del CIIMA – ESEADE-

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Como citar este texto: 

Anonimo (06 de Nov de 2008). "Crisis Financiera - Reserva Federal". [en linea]
Dirección URL: https://www.econlink.com.ar/crisis-financiera/reserva-federal (Consultado el 11 de Dic de 2017)