La Educación y la Equidad

Los esfuerzos y las inversiones destinados a incrementar los logros educativos mediante la reducción de las tasas de deserción y repetición tienen diversos efectos positivos en términos de reducir la pobreza y la desigualdad. Primero, porque dado que la repetición y la deserción escolar son más agudas se dan en los grupos más vulnerables (pobres y sobre todo en los pobres de las áreas rurales), el apoyo a la continuidad y tiene, por ende, un sesgo de redistribución progresivo.

Además, los mayores logros educativos tienen apreciables retornos intergeneracionales, dada la alta incidencia educacional de los padres y, sobre todo, de las madres, en el rendimiento educativo de los hijos. Mejorar por esta vía el clima educacional de los hogares cuyos jefes futuros serán los actuales educandos, produce un efecto favorable en el desempeño educacional de los niños y jóvenes de la próxima generación, reduce los niveles de deserción y repetición y aumenta el número de años completados, junto con permitir que se cursen en forma más oportuna.

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La educación juega un papel crucial en la superación de la reproducción intergeneracional de la pobreza. El efecto de la educación en esta ámbito se observa en: una mejora en el ambiente educacional de los hogares futuros y con ello, el rendimiento educativo de las próximas generaciones; incide positivamente en la salud reproductiva e infantil y, permite una mayor movilidad socio-ocupacional ascendente de quienes egresan del sistema educativo. A mayor nivel de educación formal, menor es la probabilidad de ser pobre o caer en la pobreza. Por otra parte, la educación es el principal expediente para superar tanto la pobreza como las causas estructurales que la reproducen: baja productividad en el trabajo, escaso acceso a las herramientas de la vida moderna, marginalidad sociocultural, mayor vulnerabilidad de las familias en el plano de la salud y discontinuidad y bajos logros en la educación de los hijos.

La persistente desigualdad en el acceso a la educación, asociada al estrato social de origen, indica que en gran mediad las oportunidades quedan determinadas por el patrón de desigualdades prevalecientes en la generación anterior. Actualmente, sólo alrededor del 20% de los jóvenes cuyos padres no culminaron la educación primaria logran terminar dicho Ciclo; en cambio ese porcentaje supera el 60% entre los padres que cursaron al menos 10 años de estudio. Esto se traduce en un alto grado de rigidez de la estructura social, debido a que el escaso nivel de educación alcanzado por muchos jóvenes bloquea su principal canal de movilidad. Más aún, esta desigualdad limita seriamente la posibilidad de mejorar la distribución del ingreso en el mediano plazo, debido a que el capital educacional (número de años de estudio y calidad de educación) constituye para la mayoría de la población el principal recurso para su inserción aboral y movilidad futura (CEPAL, 1997 c, p. 65). Dado que esta relación no mejora a lo largo del tiempo, se convierte en un mecanismo reproductor tanto de la pobreza como de la inequidad.

El incremento del promedio de años de escolaridad de los jóvenes durante las recientes décadas, en comparación con la de los padres, ha sido insuficiente para mejorar las oportunidades relativas de los jóvenes de estratos sociales pobres. (Gráficos 1 y 2)

Cuadro 6: Años de educación necesaria para tener buenas probabilidades de no caer en la pobreza.
(Áreas urbanas)

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Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los distintos países.

Cuadro 7: Tasas de escolarización en educación secundaria y terciaria, 1985-1995.
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Fuente: Carlson (1999), sobre la base de estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), World Education Report, 1998: Teachers and Teaching in a Changing World, París, 1998.
a Grupo integrado por Hong Kong, República de Corea, Singapur, China, Malasia y Tailandia.

Aún en una estructura ocupacional que presenta grandes diferencias de ingresos es posible mejorar la equidad si se aumenta la igualdad de oportunidades entre hijos de familias de estratos altos, medios y bajos, para acceder a mejores puestos de trabajo. Una mejor distribución de activos simbólicos (conocimientos y destrezas útiles) contribuye a una mejor distribución de los activos materiales en el futuro (ingresos, bienes y servicios). Los activos simbólicos son capacidades que, transmitidas de manera equitativa, permiten enfrentar la competitividad futura en una posición de mayor igualdad de oportunidades. De allí la influencia decisiva de la educación en la equidad.

La equidad no implica la igualdad en el desempeño, sino en las oportunidades que el medio ofrece para optimizarlo. Las potencialidades de aprendizaje no son homogéneas, incluso en un universo con condiciones socioculturales uniformes en el origen y en el proceso. La equidad implica, dar oportunidades a todos los educandos para desarrollar sus potencialidades y para lograr hacer el mejor uso productivo y de realización personal de estas potencialidades en el futuro.

La región latinoamericana muestra un contraste entre altas tasas de ingreso al sistema educativo y baja permanencia en éste hasta el final de la enseñanza secundaria, junto con altos niveles de repetición, deserción e inasistencias escolares concentradas en las zonas más pobres o dispersas y en las naciones con menores ingresos. En la región, sólo la mitad de los estudiantes que se matriculan en la educación primaria terminan dicho Ciclo. Cabe recordar que existe una dinámica de devaluación educativa debido a la cual, a medida que aumentan los logros educativos promedios de una sociedad y se acrecientan las exigencias productivas y culturales, se requieren más años de educación formal para contar con opciones de mejor inserción productiva y mayor movilidad social. Por este motivo, la discontinuidad afecta con mayor dureza a quienes abandonan tempranamente el sector escolar. Según estimaciones de la CEPAL, actualmente se requiere como promedio regional, un mínimo de 10 a 11 años de educación formal, y en muchos casos completar el Ciclo medio, 12 años de educación, para contar con 90% o más de probabilidad de no caer, o no seguir, en la pobreza (CEPAL, 1996 c). Asimismo, sólo dos años menos de estudio implican una pérdida de ingresos de alrededor de un 20% durante toda la vida. (Cuadro 6)

Gráfico 3: Desarrollo humano y crecimiento económico
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Fuente: Gustav Rannis y Frances Stewart, diciembre de 2002.

Mejorar las condiciones de acceso al sistema de permanencia en éste con un criterio de equidad exige, apoyar la demanda educativa y para ello, la participación de la comunidad. La inversión de recursos técnicos, financieros y humanos en medidas orientadas a estos fines tiene efectos muy positivos en la distribución social de las capacidades de los niños y jóvenes para aprovechar la oferta educacional y mantenerse en el sistema educativo. El apoyo a la comunidad y a la demanda educativa se hace tanto más importante si se considera que un problema central de los sectores de bajos ingresos, sobre todo rurales, es la informalidad en la asistencia escolar, esto es, una discontinuidad educativa cuyas causas están relacionadas con el clima educacional del hogar y el trabajo estacional de las zonas rurales.

La incorporación de los padres y la comunidad a los procesos educacionales tiene múltiples efectos positivos. Una comunidad más protagónica y una demanda más organizada de los sectores pobres contribuyen a una detección más oportuna de deficiencias educativas y un apoyo focalizado en la superación de rezagos más apremiantes. Además, cuanto más pertinente resulte la participación de la familia en la escuela, más se incrementa también el capital educativo en el hogar, lo que repercute directamente en los rendimientos de los educandos.

El mejoramiento de la continuidad educativa es económicamente viable en términos de la extensión de la escolaridad a lo largo del Ciclo de educación secundaria. Según estimaciones de la CEPAL, los gastos en que habría que incurrir para expandir la proporción de población que completa la educación media están al alcance de los países. Se requiere aumentar el gasto anual en educación secundaria entre medio punto y un punto del PBI para alcanzar metas significativas.

La noción misma de equidad en educación es compleja y puede entenderse en varios sentidos. Está la equidad pre-sistema, es decir, la capacidad para absorber la oferta educativa que tienen los usuarios que se incorporan al sistema educacional procedentes de muy variadas condiciones ambientales, familiares y culturales. Esta equidad se refiere básicamente a las condiciones de acceso al sistema educacional, que determinan posteriormente los logros dentro de él.

Puede hablarse también, de equidad intra-sistema, expresión que alude a la homogeneidad en la calidad de la oferta educativa que debería existir entre establecimientos educacionales que atienden a niños de distintos estratos socioeconómicos y en diversos contextos espaciales. Existe la equidad post-sistema que se refiere a la capacidad de inserción productiva y de desarrollo social y cultural que tienen alumnos de distintos orígenes socioeconómicos una vez que egresan del sistema educativo. En este nivel es clave la articulación entre el egreso del sistema educacional y el acceso al empleo.

Estos aspectos de la equidad, así como de la calidad de la educación, suelen tener los mismos destinatarios, dado que quienes presentan carencias en un área tienen carencias en otras. La población que padece las peores condiciones pre-sistema también se encuentra la situación más precaria intrasistema, y en la adquisición de conocimientos y saberes funcionales. Las carencias se dan sistemáticamente y se refuerzan entre sí, creando los círculos viciosos de la pobreza y la privación. De allí que el impacto de las políticas en pro de la equidad de la educación dependa en gran medida de que se vayan superando complementariamente las carencias en distintos frentes, aún cuando el mejoramiento de un aspecto de la calidad de la educación puede irradiar positivamente hacia otros aspectos.

La posibilidad de que un grupo creciente de jóvenes complete la educación secundaria eleva la competitividad sistémica del conjunto de la sociedad, es decir, su capacidad hará centrar el valor agregado en la incorporación de progreso técnico y cada vez más, en el uso intensivo de la información y el conocimiento. A medida que se eleva el umbral medio de logros educativos de una sociedad, el nivel medio de la productividad del conjunto también se desplaza hacia un umbral más alto.

Autores: María Delia Irastorza y Nicolás Wilfredo

Como citar este texto: 

Econlink (17 de Ago de 2010). " La Educación y la Equidad". [en linea]
Dirección URL: https://www.econlink.com.ar/educacion/equidad (Consultado el 27 de Ago de 2019)


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